La Historia de la Virgen de San Juan de los Lagos

Colgada al pecho de unos Padres franciscanos, como una medalla, llegó la Imagencita de la Virgen de San Juan. Esto lo oyó, cuando era niña, la anciana Ana Lucía, testigo ocular del primer milagro; y… años después, lo dijo bajo juramento, junto con otros testigos más, ante el Notario eclesiástico D. Juan Contreras Fuerte en 1634.

Foto cortesía de Guicho R. de León

Este sagrado regalo de la imagen, otorgado al Pueblo de indios de San Juan, se atribuye a los Padres Franciscanos, fray Antonio de Segovia y Miguel de Bolonia, Evangelizadores de estos pueblos en 1542.

Al retirarse de estas tierras los Santos Doctrineros colocaron en el humilde altar de la Capilla del Hospital de San Juan, entonces de adobe y paja; y fue muy venerada, desde al principio, por los indios que tiernamente la llamaban “Cihuapilli,” Señora Celestial.

Pasados 80 años, ya la santa imagencita había sido retirada del altar a la sacristía por encontrarse maltratada, aunque, no por esto, dejaba de ser venerada por los indios.

Pero en 1623 se dio un milagro portentoso, contado por el mismo Sacerdote Notario que dejó asentado por escrito el milagro y el testimonio de los que lo vieron y juraron decir la verdad del hecho, tal y como lo pidió el Señor Obispo de Guadalajara D. Leonel Cervantes de Carbajal.

Esto fue lo que se escribió: “Casi al llegar a este Pueblo, como camino real que es para Guadalajara, un Volantín, cuyo nombre no se supo; donde estuvo tres o cuatro días, traía, Éste tal, en su compañía a su mujer y dos hijas, a las cuales enseñaba a voltear y hacer pruebas sobre espadas y dagas. Sucedió que volteando la menor de ellas, se mató. El cómo no se pudo averiguar por ser los indios tan varios en sus dichos y no haber, en aquel tiempo, Español en este Pueblo. Entre los indios e indias que se juntaron, fue una llamada Ana Lucía, muy antigua, la cual les dijo que se consolaran, que la Cihuapilli la sanaría. Llevaron al Hospital la difunta y la pusieron en la peaña del altar. La dicha Ana Lucía, se entró en la sacristía y sacó a esta Soberana Señora, que hoy es la Original de entre las demás, y como dicho es, estaban desechadas. Y se la puso a la difunta sobre los pechos.

Al poco rato, vieron bullirse la dicha niña. Conque le cortaron a toda prisa las ligaduras y quitaron la mortaja. Y se levantó buena y sana.

El Volantín agradecido por el beneficio recibido, les pidió a los indios que se la dejasen llevar a la ciudad de Guadalajara, para donde iba, que la mandaría aderezar, y se la volvería.

Llegados a Guadalajara ya de noche, también llegaron a la puerta de la casa, donde se habían hospedado el dicho Volantín, unos Mancebos, y preguntaron si tenía alguna cosa de pintura qué aderezar. Dijeron que sí, que una imagen de Nuestra Señora de un Pueblo llamado San Juan. Y se la dieron a dichos mancebos. Y al día siguiente, muy de mañana, se la volvieron al dicho Volantín, que no se había levantado de la cama; y que, enviando a saber cuánto les había de dar de hechura, no hallaron a nadie.

El Volantín volvió la imagen y refirió a los indios lo antes dicho. Lo referido había sucedido en 1623, como once años antes de 1634, y se promulgó el primer milagro referido, cuarenta y cinco años después, en 1668″.

Este milagro reconocido como portentoso, dio puerta a 4 siglos de milagros que no cesan de darse para gloria de Dios y aplauso de Nuestra Señora, la Virgen de San Juan. Esta es su historia que aún no se acaba de contar.

Por: Dr. José Everardo López-Padilla

Archivo Histórico de la Catedral Basílica de San Juan de los Lagos

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