No hay Diamantes Falsos, Sino Vidrios Verdaderos

No hay Diamantes Falsos, Sino Vidrios Verdaderos

En estos días de terrible confusión para la sociedad se percibe un ambiente caótico, un desconcierto creado a propósito para las campañas electorales y en beneficio de los “políticos”; ante esto, las personas tienen que llegar a un momento extremo que lo lleve a la conquista de la autenticidad, que no es otra cosa que un continuo restablecimiento, un recomenzar que restaure lo que para él fue alguna vez una decisión decisiva, misma que se ve ahora agrietada por la urgencia de tomar nuevas decisiones, porque, en virtud de la precaria naturaleza humana, aquellas antiguas decisiones no han sido coherentes.

Para muchos resulta que la decisión política que tomaron hace años,  ahora es antagónica a sus principios éticos y morales, no por propia culpa, pero que de cualquier manera ahora se siente traicionado por aquellos en quienes confió.

Esto le lleva a una lucha interior entre lo que es y lo que debe ser. Nadie más en el Universo tiene la posibilidad de este desgarramiento interior que se puede llamar inautenticidad, hay teólogos que a este desgarramiento le llaman rotura de la personalidad, pero no hay que olvidar, para propio consuelo que, no hay diamantes falsos, sino vidrios verdaderos.

Habrá momentos de la existencia en los que habrá que arrancar de cuajo una decisión anterior, porque hubo una equivocación al tomarla, pero no se debe perder de vista el carácter crítico de esa situación, ni engañarse confundiendo la autenticidad con la tozudez, en el que solo aflora el orgullo interno.

Se tiene que entender, en estos momentos críticos, que la vida auténtica y libre no es un manojo de decisiones fugaces, según como vienen (por evento), sino que es un conjunto de decisiones permanentemente concatenadas (conectadas), esto es: Una línea de vida.

En este sentido, las personas siempre han tenido que tomar este tipo de decisiones decisivas, por ejemplo, el matrimonio, la religión que se profesa, la profesión, la amistad, los ideales trascendentes y ¡ojo!: la aceptación de una nueva autoridad.  

Ante las dificultades que ahora se presentan, para mantener una coherencia solo hay dos actitudes valientes: o la afirmación o la anulación expresa, no se vale “esperar para ver qué pasa” y luego irse “a la cargada”, que es el ocultamiento engañoso ante sí mismo, y que nadie se olvide: es Ahora o Nunca.

 

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