Mientras a mí no me llegue

Uno de los instintos más primitivos que se manifiesta en el hombre actual, (sobre todo en los que viven hacinados en las ciudades) es el de la “seguridad de manada”; esto es, aquel sentimiento de bienestar que proporciona ser miembro de un numeroso conglomerado, donde las posibilidades de sobrevivir se aumentan en la medida de que algunos miembros son sacrificados por los depredadores mientras los demás escapan con vida, así la manada, y cada individuo sobreviviente permanece prácticamente sin daño.

Esta característica instintiva, propia de los animales, debería estar ya controlada, desechada y repudiada por la “avanzada” civilización moderna; la ley, la religión, la moral y las normas de conducta social han marcado la pauta para que los seres humanos se preocupen más por sus semejantes, poniendo en juego la herramienta más prodigiosa con que cuenta el hombre: ¡Su inteligencia!

Pero por desgracia, en San Juan (y en otras partes del mundo) prevalece de manera absurda este sentimiento,se alegran de que todos pongan la basura en el terreno de la esquina y no con ellos; se sienten seguros y felices porque robaron al vecino y ellos se salvaron; o porque a su competencia no le dieron “campo” en la plaza y no vendió nada el fin de semana ¡y a ellos les fue de maravilla!; en algunos predomina la idea de que no importa que el pueblo se muera de sed mientras ellos puedan explotar un pozo que no comparten; tampoco se conduelen del accidente en que perdió la vida el hijo de su vecino, ¿para qué apurarse si ellos y sus hijos están a salvo? ¡Todo está muy bien mientras a ellos “no les llegue”!

Nuestra ciudad no podrá progresar ni ser un sitio digno para vivir mientras predomine la “lógica” aberrante de: “entre menos burros, más olotes”.

Además, el hombre no fue hecho para vivir en “manadas”, dentro de su libertad e individualidad puede escoger vivir en conglomerados sociales, y para ello, tiene que obedecer ciertas reglas de convivencia que fueron hechas para garantizar, primordialmente, la vida y los bienes de todos los ciudadanos; quien piense que puede sustraerse a este principio está muy equivocado, tarde o temprano el desorden de su comunidad puede alcanzarlo; más le valiera irse ocupando y buscar soluciones a los problemas sociales ¡que son de todos! y no solo esperar a que a él “nunca le lleguen”.

 

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