Empresa y Desarrollo del Hombre

PARA EMPRESARIOS Y PARA NO EMPRESARIOS

 Empresa y Desarrollo del Hombre

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Por: Pbro. José Luis Aceves Glez. Cango.

Nota introductoria.

Ante la falta de inteligencia y de comprensión mutua tanto de los colaboradores de mano de obra en cualquier puesto que desempeñen, como los dirigentes y los así llamados dueños o condueños de empresas; ante los riesgos de polarizaciones entre personas de la misma sociedad, creo que es conveniente y hasta necesario que tengamos un marco referencial de principios de Doctrina Social de la Iglesia (DSI) sobre este tema.

 

Presentamos una serie de temas o artículos que ayuden a unos y otros, a la sociedad en general, para que nuestras comunidades se consoliden y sepamos valorarnos como personas, con las capacidades, talentos y habilidades que cada quien tiene para sentirse realizado y aportando bienes materiales y servicios de calidad en favor de todas las personas que los requerimos.

 

Las letras en negrilla y los subrayados son de parte nuestra.

 

Principio Fundamental.

No es por demás afirmar categóricamente que el primer capital y el más importante e imprescindible de toda empresa, tengan el nombre que sea o aún sin nombre, con muchos o pocos colaboradores, o empresas familiares de autoempleo, son las personas.

 

En este primer artículo, de otros que se irán presentando, iniciamos con el del título “Empresa y desarrollo del hombre”. Y transcribo parte de la ponencia presentada en la Unión Social de Empresarios Mexicanos (USEM) Guadalajara y reeditada como homenaje y en conmemoración del fallecimiento del señor Fernando Aranguren Castiello (1936 – 1973), laico, empresario, quien defendió con heroísmo los principios de la libertad de emprender y de la empresa con valores. Y así iremos presentando testimonios de otros laicos, empresarios y pensadores a la luz de la DSI.

 

Empresa y desarrollo del hombre.

“La historia de cada hombre es en parte la historia del trabajo realizado. Así como a un árbol se le conoce por sus frutos, a un hombre se le conoce por su trabajo. El trabajo es una misión ineludible del hombre y el hombre siempre ha tenido necesidad de trabajar para lograr su supervivencia y una vida más segura. Históricamente se ha llegado a distorsionar el concepto de trabajo en que éste representa un castigo por aquello de que “te ganarás el pan con el sudor de tu rostro” (Génesis 3, 19).

 

“Se ha dicho que en el mundo hay dos clases de personas. Aquellas que trabajan para vivir y aquellas que viven para trabajar.

 

“Se señala con esto la clara posición que aquellos que tienen la necesidad de trabajar, porque no es posible vivir de otra manera, tienen que hacerlo como un mal necesario. Los que viven para trabajar se entregan con ahínco al trabajo, que a los ojos de los primeros parecían tener una deformación mental que les hace ver el trabajo como un bien.

 

“Quisiera pedir que aceptáramos que puede haber otro tercer grupo que, teniendo necesidad de trabajar para vivir, ya que ve en el trabajo una forma de llevar a cabo su capacidad creadora, de autorrealizarse él mismo y lograr por medio del trabajo el fin trascendente del hombre.

 

“Históricamente, el trabajo ha sido visto como algo que sólo las clases no privilegiadas tenían que hacer y los trabajos intelectuales y de dirección no eran siquiera considerados como trabajo. Con el desarrollo moderno del profesionalismo se ha dado un gran paso en la dignificación del trabajo, pero de nuevo equivocado, pues el trabajo no profesional es tan dignificante como cualquier otro, ya que es la dignidad de la persona lo que lo dignifica y no la materia del trabajo en sí”

 

“Debemos reconocer que, en la imperfección de este mundo en evolución, el trabajo puede ser una carga, puede ser duro, aburrido, opresor, puede matar el espíritu, puede endurecer, originar discordia, como junto con esto es una forma de participar en la creación y de autorrealizarse no sólo la persona que lo hace, sino que por el trabajo una persona hace que otros puedan autorrealizarse y ser íntegramente mejores hombres y mujeres” (Tomado de la ponencia “Empresa y Desarrollo del Hombre”, USEM Guadalajara. UNIAPAC MÉXICO, Manjarrez Impresores).

 

Quiero concluir con la siguiente expresión tomada de la misma ponencia:

“ASÍ COMO A UN ÁRBOL SE LE CONOCE POR SUS FRUTOS,

A UN HOMBRE SE LE CONOCE POR SU TRABAJO”

  

Para Reflexionar y saber actuar.

 

2a. parte:

“La Empresa gestora del bienestar y del bienser”

 

En el artículo anterior concluimos en afirmar: “Así como a un árbol se le conoce por sus frutos, a un hombre se le conoce por su trabajo”. En este artículo presentamos como tema “La empresa ha de ser gestora del bienestar y del bienser”.

 

Permítanme abordar el tema de procurar el bienestar. Invito a todo el personal de cualquier empresa, desde la familiar hasta las macroempresas, a revisar nuestros hábitos y hago referencia al protagonismo de la acción ciudadana, de los laicos, en estos temas y sus correspondientes acciones. La Iglesia los llama al protagonismo de los laicos en el mundo. Luego abordaremos el del bienser.

 

El mundo de la empresa y del trabajo, de la política y de la economía, es un campo propio de los laicos, quienes, bajo la guía de los valores humanos y evangélicos, están llamados a actuar como ciudadanos del mundo en el ordenamiento de la sociedad para alcanzar el bien común.

 

¿Qué entendemos por BIENESTAR?

“Por bienestar entendemos la satisfacción de nuestra necesidad de subsistencia y comodidad: casa, vestido, sustento, salud, recreación, seguridad…y todo aquello que contribuye a dar condiciones temporales favorables a la vida digna de cada persona.

 

Y por BIENSER entendemos:

“El conjunto de valores que hacen más agradable la vida y le dan su verdadero sentido: el respeto a la dignidad de la persona, el ejercicio de la propia iniciativa, la libertad y la responsabilidad, el acceso a la educación y a la cultura, la vida familiar feliz y ordenada, la promoción social, la participación cívica y política y la vida religiosa” (Cita en la ponencia

“Empresa y desarrollo Humano”, USEM Guadalajara y UNIAPAC, año 2010).

 

Es fácil percibir que la mayoría del personal que trabaja en una empresa, en cualquier nivel y en cualquier puesto, desde el que abre la puerta para recibir personal y mercancía, la cadena productiva o prestadora de servicios, como el que empaqueta, factura, transporta, distribuye y vende, y también sus dirigentes –todos se necesitan unos a otros-, incluimos también toda actividad agropecuaria, tienen mayor preocupación por alcanzar el bienestar y somos tan sensibles a esto que siempre tienen en mente ganar más con menor esfuerzo, o estar en un “nivel mayor” con estímulo económico, de tal manera que este virus está muy arraigado en la mentalidad de la mayor parte del personal, que al fin y al cabo de respirar y de tener nadie se llena.

 

Un ejemplo de lo anterior: si una persona tiene en su patrimonio doméstico una televisión, blanco y negro y de pocas pulgadas, quiere ganar más para comprar una televisión a colores y de más pulgadas; y espera ganar más para hacerse de otra televisión de más pulgadas y de mejor definición de colores y de imagen, con control remoto, se le antoja luego una de plasma, etc., gustos en cadena; y así de otros artículos y enseres domésticos y fuera de lo doméstico. A esto le sumamos el bombardeo promocional de consumo de bienes y servicios, de tal modo que nunca alcanza el tener más y más recurso económico para la satisfacción de antojos. Vivimos como sociedad de consumo, enajenados por la adquisición de bienes materiales sin una escala de prioridades entre lo indispensable y necesario, entre lo necesario y lo conveniente, entre la necesidad y el gusto, hasta entre lo necesario familiar y el antojo personal; y así llegamos a la actitud de compradores compulsivos.

 

Hay dos cosas caras en la vida: comprar lo que no necesitas y necesitar algo y no encontrarlo o no tener con qué adquirirlo, y muchas veces, por comprar lo que no necesitas terminas por vender lo que tienes, aunque lo necesites. Pecado –sinónimo del mal- podemos decir, de pobres y de ricos en este tiempo, la era del consumismo. A LA LUZ DEL CONSUMISMO QUE NOS DOMINA, solamente tenemos dos cartas de ciudadanía: el ser productor y el ser consumidor; y si no sabes producir te llevan a gastar lo que tienes para consumir.

 

¿Dónde queda el anhelo de bienestar? ¿Hacia dónde nos llevan con la propuesta del “Estado de Bienestar”? Si para el bienestar nos falta una escala de valores, como lo describimos al inicio de este artículo, estamos a más distancia de comprender y asimilar el que nos esforcemos por alcanzar el bienser. DÉMOS EL PRIMER PASO.

 

Los invito a reflexionar y luego sabremos actuar.

 

3ª. Parte:

 “La empresa gestora del bienser”

 

En el artículo anterior, segunda parte de esta serie de artículos “Para empresarios y para no empresarios”, planteamos el rubro sobre la Empresa como promotora del bienestar y del bienser de todo su personal, aunque solamente abordamos la primera parte de estos dos rubros acerca de la empresa; ahora nos referimos más propiamente a la segunda parte del enunciado acerca del “Bienser” en la empresa.

 

No es por demás traer de nuevo para este artículo la descripción del “Bienestar”, pues nos sirve para hacer un mejor enlace entre uno y otro término descrito y su contenido conceptual, y para las tareas consecuentes que debe plantearse todo el personal, de toda empresa por pequeña o grande que sea.

 

¿Qué entendemos por bienestar? (Cfr. Artículo anterior)

“Por bienestar entendemos la satisfacción de nuestra necesidad de subsistencia y comodidad: casa, vestido, sustento, salud, recreación, seguridad…y todo aquello que contribuye a dar condiciones temporales favorables a la vida digna de cada persona. (Cita en la ponencia “Empresa y desarrollo Humano”, USEM Guadalajara y UNIAPAC, año 2010).

 

Ciertamente no podemos pedir ni esperar que desde el inicio de quien comienza a laborar en cualquier empresa encuentre todos los puntos mencionados en esta descripción anterior; nos habla de un proceso en el que toda persona que trabaja vaya adquiriendo las garantías para que, con el tiempo, en mediano o largo plazo, se vayan alcanzando como metas los puntos ahí señalados y otros que se pueden añadir a la lista. Mucho ayudan las prestaciones que, a través del seguro del trabajador, pagado a través de la empresa en que trabaja, se vayan adquiriendo estas prestaciones.

 

Es de alabar el que, además de lo que se entrega al seguro social, bajo administración de las autoridades civiles competentes, la propia empresa ofrezca otro tipo de seguros o prestaciones para que el trabajador de la empresa vaya adquiriendo mejores condiciones de vida.

 

No todo depende de la empresa como tal y de sus dirigentes, es también la actitud del trabajador y su empeño en merecer tanto las prestaciones que debe ofrecerle la empresa mediante la aportación económica, a través de la instancia oficial gubernamental. También la empresa, mediante sus dirigentes administrativos puede aportar otros estímulos al conjunto de sus colaboradores.

 

No es por demás recordar que toda institución oficial que recibe estos recursos económicos debe garantizar el manejo de dichos recursos, fondo de los trabajadores, con honradez y transparencia y eficacia, pues es el patrimonio del trabajador y del conjunto de trabajadores.

 

¿QUÉ ENTENDEMOS POR BIENSER?

Por BIENSER entendemos: “El conjunto de valores que hacen más agradable la vida y le dan su verdadero sentido: el respeto a la dignidad de la persona, el ejercicio de la propia iniciativa, la libertad y la responsabilidad, el acceso a la educación y a la cultura, la vida familiar feliz y ordenada, la promoción social, la participación cívica y política y la vida religiosa” (Cita en la ponencia “Empresa y desarrollo Humano”, USEM Guadalajara y UNIAPAC, año 2010).

 

Una reflexión ligera, aunque merece mayor profundización, sobre la descripción anterior, nos lleva a concluir que tanto el trabajador, como la empresa en que trabaja, sabe que no solo debe haber preocupación por el bienestar, que ya es bueno, pero no suficiente. El cultivo de los valores del espíritu de cada trabajador, el ayudarle a descubrir sus capacidades y talentos, el ayudarle a despertar la conciencia de su propia dignidad, el que pueda ejercitarse en su propia iniciativa dentro del conjunto de trabajadores, manejarse con libertad y responsabilidad, el que el propio trabajador se promueva o sea promovido a los bienes de educación y cultura, a ser promovido a interesarse por la vida de la comunidad en que vive, a ser ciudadano responsable participando cívica y políticamente, lo hace capaz de ser ciudadano cada vez más maduro integrándose a la vida política –me refiero a su participación activa– por el bien común de todos los integrantes de su comunidad familiar, de su colonia, etc. lo va llevando y comprometiendo a una mejor calidad de vida.

 

En cuanto al bienser, refiriéndome al cultivo de los valores más profundos de la persona, como son las convicciones religiosas, por las que toma trascendentales decisiones en su vida, es necesario que cada trabajador sea orientado y promovido a cultivar sus convicciones religiosas y a vivirlas, sin herir a las demás personas que, aunque profesen otro credo, tienen su deber de cultivar y ejercer los principios morales de su religión y, al menos, hacer convergencia con las demás personas en principios Éticos que garanticen la vida ordenada de todos los ciudadanos.

 

Ciertamente no se da el bienser si no hay bienestar.

 

Termino con un texto tomado de la Constitución Apostólica del Concilio Ecuménico Vaticano II (1963- 1965), titulada Gaudium et Spes (= Gozo y Esperanza), relacionado con el tema, hoy más conocido como “El protagonismo de los laicos”:

 

“Competen a los laicos propiamente, aunque no exclusivamente,

las tareas y el dinamismo seculares.

Cuando actúan individual y colectivamente, como ciudadanos del mundo,

no solamente deben cumplir las leyes propias de cada disciplina,

sino que deben esforzarse por adquirir verdadera competencia en todos los campos…

Conscientes de las exigencias de la fe y vigorizados con sus energías

acometan sin vacilar, cuando sea necesario, nuevas iniciativas

y llévenlas a buen término (G.S. 43).

____________________________

“Todo buen cristiano ha de ser un buen ciudadano”

(Papa emérito Benedicto XVI en su visita a nuestro país, México)

 

 

4ª. Parte

La Ética en las empresas

 

En esta cuarta y última parte, de la serie de artículos titulada “Para empresarios y para no empresarios”, quiero concluir, aunque hay varios temas y subtemas pendientes a tratar, con el convencimiento personal y de muchas empresas –operadores y dirigentes—de que es necesario tener un código de ética –valores humanos plasmados en modales– que ayude a equilibrar el trato más humano y más digno entre todo el personal, sea cual sea el nivel, espacio o ambiente donde  cada persona pone sus talentos, capacidades y dones que Dios le da, y nos da a cada quien, y nos sentimos realizados como personas.

En cualquier empresa que produce o industrializa  y provee de insumos materiales para consumo, o servicios que demanda la sociedad, incluyendo los religiosos y evangelizadores, todos nos necesitamos y estamos llamados a crear espacios y ambientes que nos ayuden a dignificar nuestro ser como personas.

Hay muchas empresas que tienen bien definido su código de valores expresado en principios a seguir y lo exhiben por escrito, como carta de presentación de la empresa, a la llegada de cualquier visitante; otros se encuentran en la definición de Visión y Misión de la empresa, aunque no aparezcan tan explícitos. En esta ocasión transcribo el ideario de una persona, a quien no tuve la dicha de conocer personalmente, pero me consta que vivió predicando con el ejemplo, basándose en sus convicciones y en un gran compromiso con sus ideales. Sus acciones trascendieron y generaron valor para la sociedad mediante la creación de empresas e instituciones perdurables, como FEMSA y el Tecnológico de Monterrey entre otras. Hoy sigue siendo un gran inspirador para muchas empresas; al mismo tiempo le hago un reconocimiento, pues tuve la dicha de haber conocido y tratado al Lic. Ricardo Margain Zozaya (Ambos RIP) y más personas que tuvieron trato con Don Eugenio.

 

“Su filosofía de vida quedó plasmada en una frase: “El respeto a la dignidad humana está por encima de cualquier consideración económica”. Su sencillez, calidad humana, congruencia, coraje y valores, son un ejemplo de vida que sigue vigente en el pensamiento y sentir de todos los que colaboran en FEMSA” (Tomado del periódico AM León, Guanajuato, editado el lunes 19 de septiembre de 2016).

 

Transcribo, tal cual, dicho IDEARIO CUAUHTÉMOC, aunque con el formato, de acuerdo a la prensa que edita este artículo:

 

I.-  RECONOCER EL MÉRITO DE LOS DEMÁS.

Por la parte que hayan tomado en el éxito de la Empresa y señalarlo de manera espontánea, pronta y pública. Usurpar ese crédito, atribuirse a sí mismo méritos que corresponden a quienes trabajan a las órdenes propias, sería un acto innoble, segaría una fuente de afecto e incapacitaría para comportarse como corresponde a un ejecutivo.

 

II .- CONTROLAR EL TEMPERAMENTO

Debe tenerse capacidad para dirimir pacífica y razonablemente cualquier problema o situación, pore irritantes que sean las provocaciones que haya que tolerar. Quien sea incapaz de dominar sus propios impulsos y expresiones, no puede actuar como director de una empresa. El verdadero ejecutivo abdica al derecho a la ira.

 

III .- NUNCA HACER BURLA

De nadie ni de nada. Evitar las bromas hirientes o de doble sentido. Tener en cuenta que la herida que asesta un sarcasmo, nunca cicatriza.

 

IV.- SER CORTÉS

No protocolario, pero sí atento a que los demás encuentren gratos los momentos de la propia compañía.

 

V.- SER TOLERANTE

De las diversidades que puedan encontrarse en la raza, color, modales, educación o idiosincrasia de los demás

 

VI.- SER PUNTUAL

Quien no puede guardar sus citas, muy pronto se constituirá en un estorbo.

 

VII.- SI UNO ES VANIDOSO, HAY QUE OCULTARTLO

Como el secreto más íntimo. Un ejecutivo no puede exhibir arrogancia ni autocomplacencia. Cuántas veces los fracasos de hombres bien conocidos confirman el adagio de “el orgullo antecede a la caída”. Cuando uno empiece a decir de otros empleados son torpes, o que los clientes son mezquinos o necios, habrá empezado a meterse en embrollos.

 

VIII.- NO ALTERAR LA VERDAD

Lo que no afirme, debe hacerlo reflexionando; y lo que prometa, debe cumplirlo. Las verdades a medias pueden ocultar errores, pero por poco tiempo. La mentira opera como un bumerang.

 

IX.- DEJAR QUE LOS DEMÁS SE EXPLAYEN

Especialmente los colaboradores, hasta que lleguen al verdadero fondo del problema, aunque tenga que encachárseles con paciencia durante una hora. Haría uno un pobre papel como director, si dominara una conversación en vez de limitarse a encauzarla.

 

X.- EXPRESARSE CONCISAMENTE

Con claridad y completamente, sobre todo al dar instrucciones, nunca estorba un buen diccionario a mano.

 

XI.- DEPURAR EL VOCABULARIO

Eliminar las interjecciones. Las voces vulgares y los giros familiares debilitan la expresión y crean malentendidos. Para demoler verbalmente a sus enemigos, los grandes parlamentarios nunca emplearon una sola expresión vulgar.

 

XII.- ASEGÚRESE DE DISFRUTAR EL TRABAJO

Es muy legítimo tener pasatiempos predilectos e intereses en otras cosas, pero si se estima como un sacrificio venir al trabajo, entonces lo que se necesita es un descanso o alguna compañía en donde trabajar.

 

XIII.- RECONOCER EL ENORME VALOR DEL TRABAJADOR MANUAL

Cuya productividad hace posible la posición directiva y afirma el futuro de ambos.

 

XIV.- PENSAR EN EL INTERÉS DEL NEGOCIO MÁS QUE EN EL PROPIO.

Es buena táctica. La fidelidad a la empresa promueve el propio beneficio.

 

XV.- ANÁLISIS POR ENCIMA DE LA INSPIRACIÓN O DE LA INTUICIÓN

Este debe ser el antecedente para actuar.

 

XVI.- LA DEDICACIÓN AL TRABAJO

Beneficia al individuo, a la empresa y a la sociedad entera. En esto se asemeja a un sacerdocio.

 

XVII.- SER MODESTO

Si no se comprende que nada tiene que ver con el valor de la persona –el tamaño del automóvil o de la casa, o el número de amigos y de los clubes a que se pertenece, los lujos y el rótulo de la puerta del despacho—y si estas cosas significan para uno más que la tarea bien y calladamente cumplida y los conocimientos y el refinamiento espiritual para adquirirlos, entonces se precisa un cambio de actitud o de trabajo.

________________

Espero que más empresas tengan presente su ideario explícito, y a la vista, o sus valores humanos, y cristianos ¿por qué no?, y vayamos creando una cultura del trabajo que dignifique a cada persona miembro de alguna empresa. Espero que el liderazgo de las empresas y de los grupos empresariales aporten a la sociedad y a la nueva generación de empresarios pautas a seguir. Todos nos beneficiamos.

No hay empresa que haga bien las cosas y pueda mejorar,

así como no hay empresa que haga mal las cosas y pueda empeorar.

 

Lo invito a reflexionar para saber actuar.

 

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