El que parte y reparte…

El que parte y reparte…

Algo ha estado sucediendo en Jalisco que no ha permitido el desarrollo armónico de lo que, despectivamente, los capitalinos llaman “la provincia”, refiriéndose a los pequeños pueblos y ciudades medias, como la nuestra.

Un ejemplo digno de considerar, entre otros, puede ser el caso de  San Juan de los Lagos, que como segundo santuario más visitado a nivel nacional y centro neurálgico de la Diócesis, además de ser la plataforma de lanzamiento en el vigoroso crecimiento agropecuario nacional, ya debería presentar toda la planeación, servicios y requerimientos de una ciudad media.

Se pueden esgrimir muchas razones para explicar el retraso y mala organización de esta ciudad, es probable que incidan muchos factores para que San Juan sea tal y como es. Pero hay algunos datos, y uno en especial, que señala claramente la desigual distribución de los recursos que los gobiernos estatales han aplicado desde siempre.

Actualmente la zona metropolitana de Guadalajara se lleva más del 60% del dinero destinado a inversiones del gobierno en Jalisco.

Esto implica que menos del 40% se reparta entre los 120 municipios restantes. Es decir, de cada $100.00 pesos se quedan $60.00 pesos en el área metropolitana de Guadalajara y $40.00 pesos se reparten entre 120, por lo que se supone que les tocaría a cada municipio solamente $0.33 centavos.

Se ha publicado una relación con el porcentaje que se destina a cada “región” del Estado, desde luego que hay municipios que se llevan una tajada mayor y otros que reciben poco menos que migajas.

Ante esta situación hay poco que se pueda hacer actualmente, las decisiones las toman en “el centro” y nunca se toma en cuenta a “la provincia”, hasta los presidentes municipales “doblan las manitas” y tienen que “mendigar” para que se les dé una equitativa “participación” de recurso estatal, por eso no es de extrañar que se pierda “la soberanía”, es decir: el señorío, la autoridad y la libertad que, en teoría, tiene cada gobierno municipal.

Da tristeza mezclada con desaliento, escuchar que los administradores en turno se ufanan de haber conseguido más recursos, más participación para “obra pública” y que ahora sí se hará tal o cual cosa, como si fuera una graciosa concesión del todopoderoso gobierno central y no algo a lo que se tiene pleno derecho como municipio “libre y soberano”.

Estando así las cosas, se puede pensar que con la abrumadora cantidad de impuestos que pagan los ciudadanos se podría tener, en cada ciudad media, un digno desarrollo, pero lo cierto, lo que se percibe es que, como siempre:

“El que parte y reparte, se queda con la mayor parte”.

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