El Principio de Precaución

El Principio de Precaución

EDITORIAL

El Principio de Precaución

Ágora – 23 de Octubre 2015

En las familias de antaño, en aquellas en que los padres de familia podían aconsejar y velar afectivamente por sus hijos, solían decirles cuando salían de casa: “ve hijo pero ten mucha precaución”.

Esta última palabra, “precaución” significa: cautela, prudencia, prevención, cuidado. Parece que actualmente ha perdido su significado o que está adormecida en la conciencia de la gente, hoy está en desuso y olvidada, sacrificada en aras del placer inmediato, del confort y, más grave aún, despreciada por aquellos que buscan obtener riqueza sin reparar en el daño que causan a la naturaleza y a sus semejantes.

El Papa Francisco hace un llamado a la conciencia de la humanidad sobre el Cuidado la Casa Común, y con relación al Principio Precautorio dice lo siguiente:

“En toda discusión acerca de un emprendimiento, una serie de preguntas deberían plantearse en orden a discernir si aportará un verdadero desarrollo integral: ¿Para Qué? ¿Por Qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿De qué manera? ¿Para quién? ¿Cuáles son los riesgos? ¿A qué costo? ¿Quién paga los costos y cómo lo hará?

En este examen hay cuestiones que deben tener prioridad. Por ejemplo, sabemos que el agua es un recurso escaso e indispensable y es un derecho fundamental que condiciona el ejercicio de otros derechos humanos. Esto es indudable y supera todo análisis de impacto ambiental de una región”.

Este mensaje de SS El Papa Francisco es Universal, pero perece estar dirigido específicamente a la región de Los Altos, a la que se quiere despojar de su escasa agua mediante el “emprendimiento” de un enorme almacén de agua en el río Verde (presa Zapotillo) y su tramase a otra cuenca muy distinta, a través de un enorme acueducto, a una región que tiene enormes reservas probadas de agua. En ningún momento se ha hecho un auténtico estudio de impacto ambiental y mucho menos se ha tomado en cuenta a la gente que habita esta región.

La Encíclica Laudato Sí, dice a continuación:

“En la declaración de Río de 1992, se sostiene que: “cuando haya peligro de daño grave o irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como rozón para postergar la adopción de medidas eficaces que impidan la degradación del medio ambiente. Este Principio Precautorio permite la protección de los más débiles, que disponen de pocos medios para defenderse y para aportar pruebas irrefutables. Si la información objetiva lleva a prever un daño grave e irreversible, aunque no haya una comprobación indiscutible, cualquier proyecto debería detenerse o modificarse. Así se invierte el peso de la prueba, ya que en estos casos hay que aportar una demostración objetiva y contundente de que la actividad propuesta no va a generar daños graves al ambiente o a quienes lo habitan”.

Al señalar lo anterior, Su Santidad pone al descubierto la infamia que pretenden cometer los insaciables “mercaderes del agua”, así como lo que sucede en otros proyectos donde explotan los diferentes recursos de las naciones, sin importar el medio ambiente ni la vida de las personas. El Papa habló con verdad, conocimiento y valentía. Y tú, buen cristiano: ¿qué piensas hacer al respecto?

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