El Mundo de Ayer Por: J. Rosario Palos de Alba

El Mundo de Ayer Por: J. Rosario Palos de Alba

Les describiré como era la parte exterior del Mercado Zenón de la Torre: entre las calles Luis Moreno y Vicente Guerrero, estaba una tienda de abarrotes que atendía su dueño el Señor Don Pedro de Anda y sus hijos, enseguida estaba una tienda de ropa que era atendida por su propietario el Señor Don Enrique Martin González, hermano de Don Pablo Martin González y de Manuel Martin González; luego estaba la entrada a una finca de altos en medio de un zaguán y una escalera; recuerdo que en esa finca funcionaba una escuela que era atendida por la señora Doña Victoria Montoya, mamá del señor Don Jesús González Montoya, al que le decían “La Zorra”, y también le decían “El Secre” porque fue realmente muchos años secretario de la Presidencia Municipal, fue el que me superó en esa función administrativa en la cual también dure mis años.

Llego estaba la panadería de “La Barca”, muy famosa y conocida en San Juan, recuerdo que de niño acudía a esa panadería y le decía a don Juan el dueño: “Don Juan, deme un centavo de morusas” y entonces me daba un pedazo de papel, abría la vitrina del pan y se salía disimuladamente a la puerta, pues él sabía que no había tales morusas de pan y dejaba que los niños mañosamente le quitaran el azúcar de la cubierta al pan, y así caían en aquel papel convertidas en morusas; el costo del pan en aquel tiempo era de 6 seis piezas de pan por cinco centavos, o a centavo cada una de ellas.

Después de la panadería estaba otra tienda de abarrotes que terminaba en la esquina de la calle La Paz y era atendida por los señores Don Aureliano de Anda Martin, por su hermano Don Librado y por el cuñado de Aureliano, el Señor Próspero Padilla.

Recuerdo que estando en la escuela y cuando ya conocía un poco de números y cuentas, Don Aureliano me ocupaba los sábados y domingos para atender a los clientes detrás del mostrador, claro que solo en compras no complicadas. Recuerdo que tenía que estar en la tienda a las 8 de la mañana ya desayunado, los sábados salía a las 2 de la tarde para entrar a las 4 de la tarde, y los domingos entraba a las 7 de la mañana y salía a las 5 cinco de la tarde. Pero de ordinario, en aquel tiempo en San Juan de los Lagos, las tiendas, mercado y carnicerías se abrían todos los días a las 5 cinco de la mañana; las carnicerías del mercado las cerraban a las 4 de la tarde, y las tiendas de abarrotes a las 9 de la noche; pero todas las tardes de cada jueves se cerraba y los empleados comúnmente aprovechaban la tarde para alquilar caballos con Don Sebastián Esqueda, papá de Don Pablo Esqueda y de otros que no recuerdo el nombre; era un gusto para los jóvenes salir a caballo y pasear por las principales calles de San Juan, que en aquel tiempo no eran muchas y estaban todas empedradas, les agradaba el sonido de los cascos de los caballos pisando acompasadamente el empedrado de las calles, y más por el rumbo donde vivía la novia pretendida.

Por la calle Aurora, no había tiendas de abarrotes, solo había carnicerías; frente al mercado estaba la entrada a la parroquia de San Juan Bautista; en ese tiempo el señor Cura  era el presbítero Don Francisco Romo quién en su tiempo se preocupó por los niños de San Juan que no habían acudido a la escuela por las reformas al artículo tercero de la constitución, impulsada por el presidente Lázaro Cárdenas, y antes, por Plutarco Elías Calles que también había metido la mano en la educación. Por esta razón los padres de familia se abstenían de mandar a sus hijos a las escuelas federales, era un motivo ideológico.

El Señor Cura Don Francisco Romo hizo algunos intentos de sembrar la educación en los niños de San Juan, y esta fue, sin lugar a dudas, la semilla de la cual brotó la famosa escuela del Bosqueto, en la cual participaron maestros de la ciudad de Tepatitlán. Pasando los años se convirtió en la escuela “La Paz”, con las mismas características y personalidad de la otra escuela, pero quedaron semillas del Bosqueto, y le tocó a las Señorita Rafaelita Gutiérrez continuar con los ideales de enseñanza, en la cual y por la cual, estando ya de adulto como notario parroquial con el señor cura Dr. Dn. Esteban Sánchez Valdez, conocí a la que fue mi esposa, que sirvió por algún tiempo como maestra de algunos niños, y fue gran amiga de la señorita Rafaelita.

Espero que las dos estén gozando de la presencia de Dios.

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