El Mundo de Ayer en San Juan de los Lagos

Por el Prof. Chayo Palos

 

Amables lectores de “Ágora”, les anticipo una atenta súplica: disculpen mi cansada repetición sobre un tema que para mí ha sido primordial, durante todos estos largos años que Dios Nuestro Señor me ha dado de vida, es lógico y natural que tenga que hablarles de esa vida, de todo lo que me ha dado, de lo que tengo y de lo que soy, sin alardes de grandeza, de presunción ni de fanático orgullo, pero sí con un profundo sentimiento de gratitud por todo lo recibido, no solo por los miembros de mi familia y parientes, sino de mis conciudadanos.

Son ya doce años que mi columna “El mundo de ayer” se viene publicando en este semanario “Ágora”, y todo ese tiempo, mi interés por escribir esta columna fue creciendo ya que me dio la oportunidad de dar a conocer un poco de mí al contarles algunos pasajes de mi vida, donde nací, cuando y quienes fueron mis padres, como se vivía en San Juan en la Revolución Cristera, y sobre todo, la herencia cultural que adquirí como Sanjuanense; recordé a las personas mayores que conocí por su gran cultura, comenté de la escuela primaria a la que asistí, hablé de mis compañeros y amigos de clases; de los juegos infantiles de aquella época de los años 1928 en adelante y recordé también mi adolescencia, mi juventud, y la mayoría de edad cuando contraje matrimonio, agradecí los hijos que Dios me dio, dije en que trabajé y con quien y en qué tiempo, etc.

Todo esto me dio la oportunidad para la formulación de una filosofía personal de vida, que consiste en meditar sobre lo que es la persona, el porqué de su existencia y la causa de su comportamiento, lo que observé ante las situaciones que se me presentaron en la vida.

Lo anterior me permitió hacer una apreciación realista de mí mismo, y me ayudó a determinar los objetivos que ambicioné alcanzar, de acuerdo con las circunstancias y mis facultades, y que razonablemente pude esperar dentro de mis posibilidades.

La vida me dio también la oportunidad para aceptar tanto el éxito como el fracaso.

Nuestra conducta está determinada, como la de todo hombre, por la tendencia que tenemos de obtener la aprobación de nuestras aficiones, de nuestra forma de vivir y hasta del encuentro de nuestra vocación; esto no solo es el resultado de la educación moral que recibimos de nuestros padres, sino también del deseo de buscar la aprobación social ayudando a nuestros semejantes, cuando los comprendemos y orientamos en la forma para resolver sus necesidades, cuando impartimos ayuda al que lo necesita, aun cuando no se nos solicite, sentimos satisfacción y creemos merecer la aprobación social.

Pero también es este tiempo, me refiero al año 2017, nuestro país está viviendo una experiencia no solo de temor sino también de crisis, de inseguridad, de una política que se está degradando; tanto que fue necesario forzar al Congreso de la Unión de aprobar el proyecto de ley que el señor presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Lic. Enrique Peña Nieto, mandó al Congreso, para su aceptación y aprobación, una iniciativa sobre el castigo a los funcionarios corruptos que tienen sumido en la miseria a muchos Estados de la Republica, como lo son el de Veracruz, Sonora, Chihuahua, Michoacán, Nuevo León y otros; así como también sucede en algunos municipios.

Si a esto le añadimos las amenazas del Nuevo Presidente de los Estados Unidos contra los migrantes nacionales que radican en ese país, son amenazados de ser expulsados, y no solo eso, sino que son separados de sus hijos menores, provocándoles serios traumas psicológicos y dañándoles de por vida. ¡Que Dios Nuestro Señor se apiade de esos pobres niños!

 

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