El Mundo De Ayer en San Juan de los Lagos

El Mundo De Ayer en San Juan de los Lagos

En este artículo que escribo para el semanario “Ágora” quiero perfilar en mi mente los recuerdos gratos de los días felices que pasé en aquellas fiestas del quince de agosto, que en mi imaginación de niño disfrutaba, cuando salía del Parían Viejo, donde vivía, para internarme en la Plaza Principal a la espera de la llegada de los monos gigantes y cabezudos, que en esos días de la primera quincena del mes de agosto, desfilaban por las principales calles de mi pueblo, San Juan de los Lagos, bailando al compás de la Banda Municipal dirigida por Don Úrsulo Macías Soria y sus virtuosos músicos, porque hay que decirlo, todos los que integraban la Banda Municipal, tocaban sus instrumentos musicales con una maestría, que nombrarlos virtuosos de tocar sus instrumentos musicales, es aplicado gratuitamente.

Llegaban a la Plaza Principal, que se encontraba repleta de paisanos, mayores y niños de ambos sexos, y los balcones de las fincas y azoteas que dan a la Plaza Principal y el atrio del Santuario de Nuestra Señora de San Juan, en sus macizas bardas de cantera y amplias, también se sentaban jóvenes y niños a contemplar el bello espectáculo de los monos, pero después de dar tres vueltas, los monos alrededor de la plaza, se retiraban para dar lugar a otro espectáculo, no menos interesante, que el de los monos, pues se trataba de nada más, ni nada menos, que la quema de toritos de cuetes de buscapiés de pólvora, que jóvenes atrevidos de la comunidad buscaban esos toros de pólvora, los que salían como en las Plazas de Toros, salían a torear a los mismos, después de tres toques de trompeta, que recuerdo por cierto a Luis Solórzano González, trompetista de la Banda Municipal, al dar dichos tres toques, sacaban del patio de la Presidencia Municipal cada toro en un turno, para ser quemado.

Atrás del que corría por la Plaza quemando el toro de buscapiés, lo seguía una parvada numerosa de jóvenes y de niños a través de los buscapiés, salían disparando chispas y en un zigzag salían por diferentes rumbos y los que los seguían saltaban, se movían con rapidez para no ser quemados y recuerdo también que habían algunos jóvenes temerarios, amigos del que corría con el toro y mientras ellos sentados en aquellas grandes bancas de loza, que había en la Plaza, lo esperaban y él les vaciaba casi todo el torito, pero afortunadamente no recuerdo que haya habido algún quemado de cuidado, las personas de los balcones de la plaza se metían corriendo a los …, mientras pasaba el torito quemándose y las personas de la plaza corrían al Zócalo para no ser alcanzado por los cuetes.

Recuerdo que casi siempre se quemaban de cinco a seis toritos, luego venía la noche tan esperada por la juventud, pues la Banda Municipal alegraba la plaza con una bonita y sonora serenata, en la que se lucían tocando de todo, pero eso sí, todo por nota que para que los músicos vieran las notas, la Presidencia Municipal mandaba a Jacinto de Luna, electricista de la planta de luz, que movía los molinos de nixtamal con el que se alimentaba el pueblo de sabrosas tortillas, pues entonces las amas de casa de San Juan torteaban a mano las tortillas en su casa, que cocinaban al calor del fuego de la leña o el carbón.

En aquellas serenatas, el piso de la Plaza quedaba alfombrado de confeti, pues los jóvenes compraban por sacos y cada vuelta le aventaban un puño de confeti a su novia o prometida, lo mismo hacen con las serpentinas y con los manojos de gardenias, recuerdo que a las 10 de la noche se terminaban las serenatas.

Al paso del tiempo y de los años, las cosas y las costumbres cambiaron y también los seres humanos, de la tercera edad que soy, nada más les puedo contar de los que viví, sentí y pensé cuando niño, no tenemos fiestas profanas, solo religiosas, pero que buena la Virgen, se merece eso y más, pues por Ella vivimos y somos felices.

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