El mundo de ayer 594

El mundo de ayer 594

Por: Don Chayo Palos de Anda

En mi artículo anterior, describía a mis amables lectores sobre una de las cualidades humanas más importantes, o al menos más interesantes, para poder dar vida y existencia a lo que somos realmente, que consiste en sacudirnos el egoísmo y la apatía para dar parte de lo que somos; es decir, darnos a nuestros prójimos, a nuestros hijos, a nuestros demás familiares, a nuestros vecinos y demás conciudadanos.

No podemos concebir la existencia de buenas relaciones cuando las comunicaciones son malas, y no podrá haber coordinación en ninguna actividad común sin el empleo de adecuados sistemas de comunicación.

Diariamente nos damos cuenta en el hogar, en nuestras relaciones sociales, en nuestros tratos comerciales, en cualquier tipo de negocios que cuando perseguimos un fin de interés mutuo, necesitamos mantener abiertos los canales de la comunicación para llegar a acuerdos satisfactorios, esto nos exige la ayuda de nuestros semejantes, pues sin su concurso no podemos lograr los objetivos que nos propongamos.

Esto que les comento, aunque parezca una perogrullada, es y ha sido muy importante en la vida de cada ser humano, la verdad de esto que les expongo lo pude constatar desde niño, aunque sin tener la cualidad de poder reflexionar sobre los problemas propios de la infancia, esto lo pude aprender en primer lugar de mi madre, que en paz descanse, y de las persona mayores que me tocó en suerte conocer y puedo decirlo con satisfacción, que en aquellos lejanos tiempos la mayoría de las personas mayores no solo se daban a respetar sino también respetaban y sabían darle a cada quien el lugar que les correspondía, sin importar desde luego la edad.

Estas primeras impresiones me pudieron mostrar las cualidades morales que debe tener todo ser humano.

Muchos se preguntarán: ¿Por qué don Chayo no menciona a su papá? Como les he comentado en mis artículos anteriores, quedé huérfano de padre a la edad de 10 años; y mi padre, al morir ya era una persona, para aquel tiempo, considerada de la tercera edad, y pocas oportunidades tenía para darme concejos prácticos para mi vida futura.

Dios nuestro Señor me dio la gracia y oportunidad de conocer y tratar a personas adultas con un sentido moral, cuando menos en lo que respecta al trato con niños.

San Juan de los Lagos no era una ciudad grande, y como les decía, no se celebraban más que las fiestas Religiosas de la feria el 8 de Diciembre, y la de la Candelaria el 02 de febrero, era visitada por miles de peregrinos que duraban en la ciudad más tiempo que ahora, pues  no había carreteras, solo la estación de ferrocarril en Santa María. Los peregrinos que no venían por ferrocarril, llegaban desde sus lugares a campo traviesa, y duraban algunos días en llegar a San Juan, se venían como lo siguen haciendo ahora, caminando desde varios Estados de la Republica, como el Estado de México, Querétaro, Guanajuato y otros; y es tal la cantidad de peregrinos que San Juan es considerada la segunda ciudad Mariana en la República Mexicana, solo después de la Santísima Virgen de Nuestra Señora Guadalupe.

Para terminar este artículo termino diciendo: “El hombre, mediante el razonamiento llega siempre a conclusiones que son el resultado de experiencias, pero éstas no podrán ser utilizadas por los demás si no pasan por el proceso de la comunicación.

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