El Mundo de Ayer 591

El Mundo de Ayer 591

Por: Don Chayo Palos de Anda

Cuando me pongo a describir los años de mi infancia y menciono a las personas que conocí y trate en aquel tiempo, supongo que algunos de mis lectores pueden ser, o son casi de mi misma edad. Pero a ese tiempo que describo, esos lectores pueden darle una lectura muy diferente debido a la educación que recibieron, a las circunstancia que vivieron y a sus conocimientos y experiencias que les dieron diferentes puntos de vista de los míos; posiblemente tuvieron en ese tiempo otros valores y otras expectativas, por eso estoy de acuerdo que sus puntos de vista pueden ser diferentes a las míos.

La vida en estos 88 años de mi existencia, me ha enseñado que cada ser humano estructura sus puntos de vista, y sus emociones fueron formadas por un sentido de envidia, odio y rencor; o también de aceptación, comprensión, respeto y amor.

Esto que le comento, sé y me doy  cuenta perfectamente de que es una perogrullada, me recuerda un pensamiento o frase que conocí en mi juventud de estudiante, misma que me hizo reflexionar en lo me refería con anterioridad, en otro de mis artículos de “Ágora”, y que escribió en forma política y filosófica Campo Amor, que dice así: “en este mundo mortal, nada es verdad, nada es mentira, todo es según el cristal con que se mira”.

Por tanto, lo que les quiero decir a mis lectores sobre el San Juan de Ayer, es según mi punto de vista, que puede ser y es diferente al de otras personas.

En el siglo IV antes de Cristo, el filósofo Protágoras de Abdesa sentencio en una de sus afirmaciones: “El hombre, es la medida de todas las cosas”, y los filósofos posteriores consideraron que este punto de vista fue el fundamento del relativismo en el pensamiento y la conducta del hombre.

Así podemos explicarnos con toda claridad porque es tan difícil el entendimiento entre los seres humanos, si cada uno aplica a sus propias categorías el dato recibido, nadie garantiza que dichas categorías o modos de interpretar sean idénticas, y por lo tanto, cada cual ve las cosas a su manera, y solo por casualidad coinciden al interpretar el mismo hecho del mismo modo.

Cuando voy al café matutino y me pongo a cambiar impresiones con algún contertulio, voy preparado a la eventual coincidencia de sus puntos de vista con los que yo expreso en mi conversación, o de que puede surgir un interlocutor con el ánimo de manifestar su acuerdo o su desacuerdo con lo expuesto, y considerarse como un perfecto conocedor de la verdad en lo que se está tratando; pero hay cosas en las que la mayoría de los seres humanos pensamos que estamos de acuerdo, y una de esas cosas es el amor, pues pensamos que este sentimiento es como la unión entre dos seres humanos, al menos en la intención, y que es el bálsamo o pegamento que facilita ese acuerdo en el plano cognoscitivo,

Este es el acto de captar un valor que se reduce a la comparación automática e inconsciente, de intercambiar dos soledades, pero también es cierto que este intercambio es de carácter universal entre un hombre y una mujer, es decir entre sexo masculino y sexo femenino que tiene como fruto a los hijos, que en su conjunto integra la familia humana en todo el planeta tierra.

 

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