El Mundo de Ayer 589 22 de julio de 2016

Por: Prof. J. Rosario Palos de Anda

Nací un día 7 de octubre de 1928, a las 2 horas de ese día, según consta en lo escrito en el acta de mi nacimiento en el registro civil de esta ciudad de San Juan de los Lagos:

Ciertos libros, por demás interesantes, nos hablan sobre cómo viene el ser humano a la vida, para ser más exacto, en el maravilloso libro escrito por el psicólogo alemán Erich Fromm, titulado El Arte de Amar, en su 15a edición de 1974,  en su capítulo El Amor Entre Padres e Hijos, dice lo siguiente: “Al nacer, el infante sentiría miedo de morir si un gracioso destino no lo protegiera de cualquier conciencia de angustia implícita en la separación de la madre y de la existencia intrauterina. Aun después de nacer, el infante es apenas diferente de lo que era antes del nacimiento; no puede reconocer objetos, no tiene conciencia de sí mismo, ni del mundo como algo exterior a él; solo siente la estimulación positiva del calor y el alimento y todavía no los distingue de su fuente: la madre, la madre es calor, es alimento, la madre es el estado eufórico, para usar un término de Freud.

La realidad exterior, las personas y las cosas tienen sentido solo en la medida en que satisfacen o frustran el estado interno del cuerpo.

Solo es real lo que está adentro, lo exterior solo es real en función de mis necesidades, nunca en función de sus propias cualidades o necesidades; cuando el niño crece y se desarrolla, se vuelve capaz de percibir las cosas como son; la satisfacción de ser alimentado se distingue del pezón del pecho de la madre. Eventualmente, el niño experimenta sed y la leche lo satisface; aprende a percibir muchas otras cosas  como diferentes, como poseedoras de una existencia propia; al mismo tiempo aprende a manejarlas, aprende que el fuego es caliente y doloroso, que la madera es dura y pesada, que el papel es liviano y se puede hojear y aprende a manejar a la gente; sabe que la mamá sonríe cuando él come, que lo alza en sus brazos cuando llora; que lo alaba cuando mueve el vientre.

Todas esas experiencias se cristalizan o integran en la experiencia: “me aman porque soy el hijo de mi madre, me aman porque estoy desvalido, me aman porque soy hermoso; para utilizar una fórmula más general, me aman por lo que soy o quizás, más exactamente, me aman porque soy”.

Considero que aún lo transcrito no nos puede dar cuenta exacta de todo lo que le debemos a nuestras madre, y con mayor razón yo, pues al nacer mi padre, y según la edad que manifestaba  él en mi acta de nacimiento, se podía considerar como una persona próxima a pasar a la tercera edad, cuando el murió, a los 80 años, yo tenía apenas 10 años; entonces, fue mi madre la que me formó y educó, puedo decir que soy como ella quiso que fuera.

SAN JUAN ANTIGUO 034

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