El Mundo de Ayer 583

El Mundo de Ayer 583

Publicada el 17 de junio de 2016

El mudarme de casa con apenas 5 años al Parían Viejo conocí a otras familias y a otros niños y niñas, con las que pude iniciar el conocimiento de la vida y su despertar, nuestras formas de actuar eran un poco diferentes, pero una cosa que aprendí bien pronto fue la adaptación a los otros si quería llevar la vida en paz y participar en los juegos infantiles de mi época, de escuchar sin interrumpir los cuentos y las historias fabulosas de aquel entonces, que nos ponían a formarnos sueños y otras veces a temores y miedos a lo desconocido.

También en mis primeros años de la infancia se iniciaron, como condición indispensable, la distinción de los rasgos característicos de comportamiento y la conducta circunstancial.

Cuando nos enfadamos  somos agresivos y por esa causa nos sentimos confusos momentáneamente y no podemos expresarnos como lo hacemos normalmente, mostrando una conducta que no es frecuente en nosotros.

Pero no voy a seguir contando algo que le pasa a todos, o casi a todos los seres humanos cuando inician los primeros años de la vida, de esto me doy cuenta ahora con más claridad, ahora que pertenezco a los de la tercera edad, pero de niños no contamos todavía con un sentido común que nos indique cómo comportarnos con los demás.

Mis salidas del Parían Viejo a la plaza y al atrio del Santuario eran más frecuentes, sobre todo a la plaza, pues se daba el caso que frente a la plaza, vivía la familia de Don Librado de la Torre y sus hijos Librado, Alfonso y Javier, con este último me juntaba más para jugar pues tenía más o menos la misma edad que yo, nos reuníamos también en la plaza otros amigos de infancia, como lo fueron: Miguel Padilla Muñoz “El hojas”, Manuel Padilla Macías, Vicente García, Miguel González, Jesús Ruiz “El Tecolote”, Carlos y su hermano el “Chino Solórzano” y  en ocasiones se juntaban Alfonso de la Torre de Alba, Alfonso González y otros más que no recuerdo.

Formábamos grupos para poder jugar a los encantados, a la chucha, a policías y ladrones, y los que contaban con recursos económicos jugaban a las carreras con patines, o con carretas etc. pero eran más versátiles los juego de aquellos tiempos  por ejemplo, en el Jardín del Hospital se jugaban a los trompos y también a las patolas, pues se permitía a los niños hacer agujeros en el piso a las que llamábamos “chollas”; en fin, eran otros tiempos y otros los hábitos de los niños de aquel entonces.

Otra cosa que podíamos conocer en nuestra niñez, no como una simple cosa que vemos en la naturaleza, nuestros padres nos lo señalaban, nos decían que no hay ningún secreto de que algunas cualidades, como las del cuerpo, nos sean dadas por la naturaleza, y otras se adquieren mediante la educación y el cultivo, pero la facultad de saber es de naturaleza más divina, pues jamás se pierde su virtud, únicamente pasa de ser útil o inútil, ventajosa o nueva, sea cual fuere  la dirección que se le imprima.

San Juan de los Lagos, como todos los pueblos, al menos en nuestro México, han tenido hombres sagaces, picaros y malvados, qué solo les interesaba la malicia, ni duda cabe, son tanto más perjudiciales cuanto más sutiles son estos hombres. Ya les contaré a su debido tiempo quienes fueron algunas de éstos en mis años de la niñez.

 

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