EL MUNDO DE AYER

EL MUNDO DE AYER

EL MUNDO DE AYER

Ágora -2 Octubre 2015

Por el Prof. J. Rosario Palos de Anda

Nosotros, las personas de la tercera edad cuando nos detenemos y miramos la vida que hemos dejado atrás, nos damos cuenta que las experiencias son, en gran medida, el resultado de nuestro crecimiento y desarrollo, y no dependen de la manera en que hayamos podido o no enfrentar nuestras pérdidas y experiencias dolorosas, por ejemplo: cuando enfren té la muerte de mis seres queridos, como lo fueron mis padres Agustín Palos Centeno y mi madre Cleta de Anda Muñoz; de mis hermanos: Petra, Justina, Agustín, María Guadalupe y Adolfo Palos; y para rematar, mi esposa Delia de Alba Valdepeña y mi hijo Roberto Palos de Alba; y también de uno de mis nietos recién nacido. Recuerdo que ese día todos estaban contentos con su llegada al mundo y nos disponíamos a celebrar con entusiasmo, pero Dios se lo llevo, que le vamos hacer; y analizando esta parte de mi vida dolorosa, puedo afirmar que nadie puede crecer sino ha experimentado antes, en sí mismo, gran parte de las emociones y sensaciones que definen nuestra experiencia durante los años que Dios nos ha dejado vivir en este mundo.

Pero sería un verdadero pesimismo si en los años que he vivido hubiera sufrido puro dolor y tristeza. También disfrute en la vida de horas y días felices, como cuando conocí a Delia de Alba y me acepto de novio, pasando el tiempo nos casamos en la parroquia de San Juan Bautista, un día 7 de enero de 1951, luego vino otra alegría cuando nació mi primer hijo, Roberto, que nació el día 7 de junio de 1952; luego vinieron a dar más alegría a mi vida el nacimiento de mis demás hijos: Luz María, Sergio, María Eugenia, José Francisco y Delia; todos ellos han logrado alegrar mi soledad, al morir mi compañera y esposa Delia y al perder al primer hijo Roberto.

Le doy gracias a Dios por la vida que ha sido acompañada de mis seres queridos, con la grata compañía de mis nietos que gracias a Dios son numerosos (ya son 20) y además disfruto del privilegio de ver nuevos frutos: mis bisnietos, que también son numerosos y todos ellos son generosos y virtuosos, pues hasta la fecha no me han dado penas dolorosas o que me dejen en desolación, desamparo y ausencia, pues aunque algunos viven en Estados Unidos, ahora, gracias a la maravilla de la técnica electrónica, me comunico con ellos y me puedo dar cuenta de su salud y situación moral, etc.

En uno de mis libros pude leer en una de sus páginas, que decía lo siguiente, de Harold Kushner:

“El Dios en que yo creo no nos manda el problema, sino la fuerza para sobrellevarlo”.

Y para terminar este pequeño artículo que espero no sea aburrido para mis lectores, puedo decir aquellos versos del Poeta Amado Nervo: “Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo vida. Porque nunca me diste, ni esperanza fallida, ni pena inmerecida. Vida, nada me debes, vida, estamos en paz”.

N.B. Este articulo lo escribo al cumplir 87 años.

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