El Cambio, Un Conflicto de Conciencia

El Cambio, Un Conflicto de Conciencia

Se acercan los tiempos de un cambio en  la autoridad pública, figura que ante los ojos de la ciudadanía está totalmente devaluada, esto hace que la gente se enfrente a una crisis de conciencia.

El Concilio Vaticano II, en el capítulo IV, ilumina sobre la responsabilidad, la dignidad y la importancia de los gobernantes, noble actividad que debe realizarse siempre dentro de los límites del orden moral y procurando el bien común; y advierte claramente que:

“Cuando la autoridad pública, rebasando su competencia propia, oprime a los ciudadanos, éstos no deben rehuir las exigencias objetivas del bien común; les es lícito, sin embargo, defender sus derechos y los de sus conciudadanos contra el abuso de tal autoridad, guardando los límites que señala la ley natural y evangélica.”

Lo anterior debe ayudar a pensar seriamente en las decisiones personales, especialmente en el sentido de la relación que se busca tener entre gobernantes y gobernados.

El documento agrega enfáticamente que:

“Es inhumano que la autoridad política caiga en formas totalitarias o en formas dictatoriales, que lesionan gravemente los derechos de las personas o de los grupos sociales”.

Luego señala una línea de acción que toda sociedad civilizada debe fomentar para contar con gente preparada, gente que ocupará puestos en la vida política:

“Hay que prestar gran atención a la educación cívica o política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo, y sobre todo para la juventud, a fin de que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política. Quienes son, o pueden llegar a ser, capaces de ejercer ese arte tan difícil y tan noble que es la política ¡prepárense para ella! Y procuren ejercitarla con olvido del propio interés y de todo beneficio venal.

Luchen con integridad moral y con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y absolutismo de un solo hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política, al servicio para todos”.

Alentados de esta manera por la fuerza moral de la iglesia católica, y de acuerdo a la recta conciencia, cada quien puede tomar una sabia decisión, y si  alguno de los aspirantes a puestos públicos llena los requisitos morales y éticos indispensables, entonces se puede tomar tranquilamente una opción razonada; pero si ninguno se acerca a este perfil… bueno, esperemos que su conciencia no les atormente.

 

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