Editorial: Integridad

Editorial: Integridad

Una ciudad como la nuestra presenta tantas facetas como el número de habitantes que la componen, y a decir verdad, hay ocasiones que más bien la descomponen; la percepción que puedan tener de nuestra ciudad los cientos de miles de personas que nos visitan depende mucho de con quien se haya topado, quizá por eso hemos sabido que algunos se quejan de lo mal que los trataron en San Juan, sin embargo, otros alaban la gentileza de sus habitantes, algunos hablan de la viveza e inteligencia de los sanjuanenses y otros de su torpeza y majadería, esto no es mas que el reflejo de la educación que se ha recibido, la manifestación de un estado interior que se nota en nuestra relación con los demás, ecos de una personalidad desintegrada.

Hablando de integridad, sería magnífico regresar a los tiempos cuando no se necesitaba pregonar esta virtud, la gente la ponía en práctica con toda naturalidad, pues formaba parte de ellos, era una forma de vivir; estaban convencidos de que ser íntegros significaba regirse por principios morales que no dependían de la conveniencia ni de las circunstancias, ser honesto era un valor absoluto, no admitía (ni admite) medias tintas.

 

Convendría recordar tres principios de la integridad que podrían reorientarnos:

 

1.- Tener convicciones firmes; al respecto hay una anécdota de una enfermera que asistiendo en una delicada operación tenía la responsabilidad de verificar que el número de instrumentos y materiales usados por los médicos regresaran de nuevo a la charola, cuando terminaron el médico dijo: “ya saqué todo voy a suturar”, la enfermera había contado doce esponjas al inicio y solo había once y sin titubear le dijo al doctor: “señor no lo haga, falta una esponja, piense en el daño que esto puede causar al enfermo” sonriendo el doctor hizo un movimiento con el pie y mostró a la enfermera la esponja número doce que había caído sin que la enfermera se hubiera dado cuenta y le dijo: “es usted una persona íntegra, le va a ir muy bien en este o en cualquier otro hospital”.

 

2.- Reconocer los méritos de los demás; no debemos temer a quien pueda tener mejores ideas o sea más inteligente que nosotros, hay que saber y aceptar que siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que nosotros.

 

3.- Ser honesto y franco; sobre todo hacia nuestra propia persona, nuestro aspecto físico o nuestro nivel social no determina de ninguna manera nuestro valor, ser auténticos es lo que verdaderamente nos identifica y no se justifica que tratemos de encubrir aquellos aspectos de nuestra vida que, a nuestro parecer, son desagradables.

 

Ser íntegro implica hacer lo que uno hace porque sabe que es lo correcto y no porque esté de moda y con el cobarde fin de no herir susceptibilidades, hay que regirse por principios y no sucumbir a la incitación de una moralidad relajada, este fue el camino que llevó a nuestros abuelos a hacer de San Juan la gran ciudad que es, la pregunta es: ¿estaremos dispuestos a seguir sus pasos?

¿Tú qué opinas?

 

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