EDITORIAL Indecisión Mortal

Hace unos días se tuvo la oportunidad de conocer la forma de pensar de gente joven de la presente administración, se habló sobre algunos temas, sobre el desempeño de ciertos funcionarios públicos.

Desde luego que era una plática informal, pero salió a relucir la necesidad de compromiso social de quien detenta la autoridad, pues, se afirmaba que el futuro de la comunidad sanjuanense no puede soslayarse evitando la grave responsabilidad que plantean los tiempos actuales; es decir: que como norma de acción estos funcionarios procuran “no echarse malas” con los “altos políticos” solo para conseguir escalar dentro de un partido.

Podría decirse, cosa absurda, que los guía la más absoluta y grotesca indecisión, pues hoy dicen comprometerse y apoyar un tema social, pero “nadan de muertito”, y al día siguiente ya cambiaron radicalmente de parecer, porque así conviene a los interese de su carrera política ¿Y el pueblo? ¡Que Dios le ayude!

El filósofo Carlos Llano dice que: “es la indecisión (por desconcierto, miedo o apatía) más que las estructuras, la que provoca la estrechez del corazón, el sofocamiento de las posibilidades expansivas de la personalidad humana.

Hay quien aplaza sus decisiones por un morboso deseo de seguridad y de evasión de todo riesgo: por la causa de no haber pensado bastante; por una egocéntrica necesidad de precisión; por temor a todo lo que pueda parecer irregular o imprevisto; por insuficiencia operativa ante los dilemas vitales o por perplejidad frente a la polivalente problemática de las situaciones. Es aquí exactamente donde se localiza la represión más profunda, y en la base de todo ello late oculto un falso deseo de desvinculación, un miedo al riesgo de la decisión y a su consectario compromiso”.

El hombre promedio de hoy está muy lejos de comprender la noble sentencia de Pericles: “Tal es nuestra condición: afrontar libremente los más grandes riesgos, después de haber pensado mucho lo que hay que hacer”

Y más lejos aún está esta gente de entender la profundidad de la frase evangélica: “Quien quiera guardar su vida la perderá”.

Y tú, estimado amigo: ¿Ya decidiste afrontar tu responsabilidad como ciudadano libremente comprometido? ¡Que la Indecisión no te gane!

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