E D I T O R I A L ¿Favor o Hipoteca?

E D I T O R I A L ¿Favor o Hipoteca?

Es común que en estos tiempos se enreden las palabras, la maraña de un léxico equivocado y mal utilizado provoca que se confunda el significado y se extravíe el sentido de una expresión verbal o escrita; es decir, se pierde la idea que forma el entendimiento y se tergiversa el concepto, la noción del pensamiento expresado con palabras o con letras.

Por ejemplo: cuando se escucha que alguien reclama que se le deben muchos favores, en realidad está diciendo que realizó algunos servicios por los que espera una retribución que no le ha sido cubierta ¡esta persona no hizo un favor, estableció una  hipoteca!

Cuando se ayuda, se protege o se ampara a alguien sin esperar nada a cambio, se le está haciendo un favor; del mismo modo, cuando se le apoya en su intento de hacer empresa, o simplemente con una opinión favorable que le ayude y oriente, eso sí es dar o hacer un favor.

Muy diferente sucede cuando alguien trata de sacar ventaja de aquel a quien le “hizo un favor” y de alguna manera busca emparejarse, y luego trata de justificar su actitud pensando: “es que me debe algunos favores”.

La diferencia es muy sutil y es difícil de entender con claridad, el que hace un favor no debe esperar nada a cambio, pero el que lo recibe debe sentirse agradecido y obligado por el favor recibido ¡esta es la gran diferencia! Las dos actitudes nacen de la libre voluntad; el que da es porque puede y quiere hacerlo, y el que lo recibe es porque tiene alguna carencia que no puede superar y recibe el favor con sincera gratitud.

Podría decirse que aquel que hace un favor está ejerciendo una acción subsidiaria, esto es, ayudar reservadamente ejerciendo una intervención complementaria y auxiliar, pero suficiente para sacar del apuro al favorecido. No debe extrañar que el que más tiene o que más puede sea quien, en ocasiones, más favores haga; así es el principio de subsidiaridad considerando que “la ayuda viene de arriba hacia abajo”, y no se refiere solo a lo material, sino a todo aquello que ayuda a subsanar las carencias del prójimo.

Cuantas veces un sabio consejo, una palabra de aliento o el acompañamiento en las dificultades han sido el más grande favor que alguien haya recibido.

Pero de ninguna manera se podrá aceptar como favor aquello que tiempo después se reclama como una hipoteca, si alguien así lo demanda se convierte en vulgar prestamista.  Puede parecer contradictorio que quien recibe el favor diga sentirse en deuda, es un noble sentimiento que nace de la gratitud, y si de verdad pudiera regresar el favor lo haría, pero no como un pago porque sería como querer borrar el favor recibido.

La vida misma es un don, un favor recibido del Creador, Él no espera pago alguno y no cobrará de ningún modo la

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