Cristeros recuerdan la reapertura de los templos católicos en México

Cumplidos 90 años de los acuerdos entre la Iglesia y el Estado que pusieron fin a la Guerra Cristera y que permitieron reabrir los templos católicos al culto en México, la Guardia Nacional Cristera organizó una peregrinación especial a la Basílica de Guadalupe el pasado sábado 29 de junio.

Partiendo del cruce de la avenida Euzkaro y la Calzada de Guadalupe en Ciudad de México a las 4 de la tarde, los peregrinos se dirigieron a la Villa de Guadalupe. A las 5:00 p.m. participaron en la celebración de la Santa Misa en la Antigua Basílica de Guadalupe (hoy Templo Expiatorio de Cristo Rey).

La Guardia Nacional Cristera echó sus raíces en la Guerra Cristera de inicios del siglo XX. Juan José Ramírez, consejero de la Guardia Nacional Cristera, señaló que la organización surgió en 1928, instaurada por el general Enrique Gorostieta Velarde, histórico líder de las fuerzas levantadas en armas contra el gobierno anticlerical de Plutarco Elías Calles.

Las tensiones entre Iglesia y Estado que detonaron la Guerra Cristera se remontan a mediados del siglo XIX, cuando el gobierno de Benito Juárez, con las Leyes de Reforma, retiró propiedades a la Iglesia Católica en México.

El conflicto se agravaría con la Constitución de 1917, que desconocía una serie de derechos de la Iglesia, como su personalidad jurídica, restringía el culto público y limitaba el número de sacerdotes, entre otras medidas. Cuando Plutarco Elías Calles llega al poder, promulga la Ley de tolerancia de cultos, conocida como “Ley Calles”, para hacer efectivos los artículos constitucionales contra la Iglesia.

Así, los sacerdotes estaban prohibidos incluso de vestir traje talar en las calles y se suprimieron las congregaciones religiosas, así como la enseñanza de religión en las escuelas.

La intransigencia de Calles llevó a que la Iglesia determinara suspender el culto en los templos el 31 de julio de 1926. Este sería el factor determinante para que en diversas ciudades del país, de forma espontánea y sin una organización central, pobladores se levantaran en armas contra el gobierno mexicano.

La Guerra Cristera concluyó oficialmente el 21 de junio de 1929, con la firma de acuerdos entre el Arzobispo mexicano Leopoldo Ruiz y Flores, como delegado apostólico del Papa Pío XI, y el entonces presidente del país, Emilio Portes Gil.

Sin embargo, desconociendo los acuerdos, las autoridades continuaron persiguiendo y asesinando a oficiales y soldados cristeros durante los años siguientes.

No sería hasta 1992 que se reformaría la Constitución de México, permitiéndole a la Iglesia tener personalidad jurídica.

El consejero de la Guardia Nacional Cristera explicó que precisamente debido a las persecuciones que siguieron a la firma de los acuerdos entre Iglesia y Estado, no sería sino hasta 1951 que la Guardia Nacional Cristera, convocada por el sucesor de Gorostieta, el general Jesús Degollado Guízar, se reuniría nuevamente.

Desde entonces, precisó, la Guardia Nacional Cristera ya no tiene un fin bélico, sino uno “más espiritual y de acercamiento a la sociedad civil”.

En las décadas siguientes, la Guardia Nacional comenzaría a promover la construcción de ermitas en los lugares donde fueron martirizados tanto santos, beatos como héroes cristeros.

Además, con el Cardenal Jesús Posadas Ocampo, asesinado Arzobispo de Guadalajara, “hubo un impulso fuerte y concluyó en la beatificación en 1992 de 22 sacerdotes y 3 laicos”.

Lo que la Guardia Nacional promueve ahora, destacó, es que se recuerden “y que se remuevan las conciencias de ese hecho que está muy oculto”.

Actualmente, la organización tiene como capellán general a Mons. Jorge Alberto Cavazos, Obispo de San Juan de los Lagos.

Juan José Ramírez explicó que si bien la efectividad de los acuerdos firmados entre Iglesia y Estado en 1929 es cuestionable por el incumplimiento del gobierno, la fecha sí es propicia para “recordar que algo pasó y no debemos permitir que vuelva a pasar”.

A esta peregrinación asistieron descendientes de la familia de San José Sánchez del Río y de diversos héroes de la Guerra Cristera.

 

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