¿Cómo podemos mantener seguros a nuestros niños en estos tiempos complicados?

Sin lugar a dudas de las grandes preocupaciones que tenemos los ciudadanos, se refieren al tema de la inseguridad. Dentro de ese contexto, no obstante, nuestra principal preocupación reside en la seguridad de nuestros hijos.

Los menores de edad están expuestos a una serie de riesgos tanto en la calle como dentro de casa. Muchos padres simplemente viven preocupados y no todos se han ocupado, en términos reales, de otorgar una educación en materia de seguridad a sus hijos.

La dinámica de los tiempos modernos nos ha robado, en buena medida, el tiempo necesario para ofrecer a los niños la formación necesaria en éste y muchos otros aspectos, dejando a terceros o a las máquinas de videojuegos y al internet, su «cuidado» y entretenimiento, el cual ofrece un resultado final contraproducente al identificarse, tanto en esas personas como en las tecnologías electrónicas, una serie de peligros a los que sometemos inexorablemente a los pequeños, por el simple hecho de ignorarles o subestimarles en términos reales.

El buen juez empieza por su casa y debe hacerlo desde sus hijos. No bastan los mejores equipos ni el establecimiento de políticas y medidas de seguridad, si no poseemos los hábitos necesarios y suficientes.

Los niños son los más vulnerables ante los delincuentes, por ello debemos concentrar en ellos nuestros esfuerzos para desarrollar la cultura de la autoprotección y seguridad que los acompañará el resto de sus vidas, debiendo, para ello, predicar con el ejemplo y poder, como padres, apostar juntos por un mejor mañana.

Adicionalmente, considerando que los adolescentes son altamente susceptibles no sólo de convertirse en víctimas sino además en victimarios, la capacitación a los niños debe poseer esa dualidad de evitar que los victimen, pero debe reforzar sus principios y valores, para evitar que se conviertan en delincuentes.

La labor de prevención en los niños no es imposible, es muy real y necesaria. Consiste en realizar una reflexión de los riesgos a los que están expuestos, acceder a buena información preventiva, tener el amor, la paciencia, la constancia y la perseverancia suficiente.

Los hábitos se presentarán por sí solos al desarrollar, de manera repetitiva, las medidas necesarias y de esa manera lograremos formar y conformar jóvenes que, además de contar con una cultura de seguridad, llevarán el escudo necesario para impedir que las redes delincuenciales los recluten como esclavos de sus vicios o como integrantes de sus pandillas.

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