Mensaje del Excmo. Sr. Obispo Mons. Jorge Alberto Cavazos Arizpe para la Cuaresma 2017

A TODA LA COMUNIDAD DIOCESANA

 

“El Amor, La Vida y La Paz nos llaman a cada uno”.

 

Hermanos les saludo en Jesucristo que es El Amor mismo, El Camino, La Vida y La Paz de todo ser humano, orando por todos iniciamos juntos la cuaresma.

Al comenzar este tiempo especial de gracia llamado Cuaresma por el número de días que le conforman(40), abramos nuestra voluntad con ánimo nuevo, al llamado de Dios a todos a cambiar acciones y actitudes que maltratan al Amor, a la Vida, la Paz, la Alegría y así mismo nuestro futuro personal, familiar y social.

 

Dios es Amor (1ª de Juan 4,8) y vivir de Él y en Él es la vocación que todos tenemos. Es tan grande y vivificante el Verdadero Amor, -como lo expresa el salmo 103(102), y se muestra en la persona, vida, palabras y obras de Jesucristo-, y sabemos que fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, Amor Puro. Cuando tenemos esta experiencia de Dios Amor Puro y Verdadero, nuestro corazón no desea más: Dios es Todo e ilumina todo nuestro actuar; quedamos extasiados y anhelamos estar siempre en contacto, en comunión y guía del Amor. Nos hace pensar en Él y nos entristece el no convivir con Él. Nuestro espíritu queda extasiado y sin querer dejar al Señor, que es dueño de nuestra vida y la renueva. De aquí que Dios Amor nos llama y así nos llama la Vida y la Paz; tras esta Bella experiencia, surge en nosotros una actitud nueva: mejoramos la visión de nosotros mismos, mejoramos la visión del prójimo, de la creación y de nuestras relaciones sociales, hacemos nuestros los valores que surgen del verdadero Amor: como son la justicia, la Paz, la verdad, la Misericordia, de este modo estamos en franca conversión dentro de un proceso que Dios con Su Santo Espíritu lleva en cada uno.

 

La vida es mejor cuando cada uno de nosotros cambiamos; cuando cambiamos algo negativo en nuestra forma de vernos y de tratarnos. No podemos creer que todo será mejor si solo pensamos en nuestro bien personal y hasta lo convertimos en ser ventajosos maltratando el ser y derecho del prójimo. Incluso cuando nuestros logros y bienes no tienen un sentido de hermandad solidaria, como si fueran solo obra de nuestras capacidades y dones; dones que Dios nos ha dado y bienes que hemos pedido al Señor nos ayude a lograr.

 

Si las situaciones de violencia, del crimen, de la corrupción y la impunidad, nos quitan esperanza, hacen crecer el enojo, derriban la alegría y la esperanza de un mejor futuro, nos ilustran sin embargo, sobre nuestras acciones y/o actitudes negativas que nos hacen olvidar a Dios y que somos hermanos provocando esa misma desesperanza, tristeza y enojo en nuestros prójimos.

 

Olvidar a Dios y todo el Amor que nos ha dado en Jesucristo y por qué no decirlo: en los cuidados maternales de María santísima, olvidarlo obscurece el mejor sentido humano de nuestra vida y la vida de todo prójimo.

 

La Biblia está llena de experiencias en las que Dios llama a considerar su Ser Santo y la forma de vida que debemos llevar los creyentes, su pueblo santo (Ev. de Sn. Mt. 5,48). Si Dios no se pusiera del lado del débil y como se nos ha mostrado plenamente en Jesucristo: que ama hasta el extremo, si no se pone como hambriento, enfermo y por amor eficazmente solidario al morir por todos nosotros; entonces no tendríamos por qué modificar acciones, costumbres y actitudes negativas que maltratan la dignidad y los derechos de nuestro prójimo; pero Él lo ha hecho!!! Los cuatro evangelios (Sn. Mateo, Sn. Marcos, Sn. Lucas y Sn. Juan), están llenos de estos grandes testimonios. Quiero también como un signo de solidaridad con quienes sufren establecer en este tiempo de Cuaresma el día de orar por los “Hermanos desaparecidos y sus familias”; ha sido muy triste el recibir a donde voy la petición de orar por familiares desaparecidos. Que cada párroco vea el día que en su comunidad haga la misa por ellos y sus familias.

 

Hermanos, quiero invitarles a que como un camino revitalizador de la vida de cada uno, de cada familia, de cada comunidad vivamos nuestra Cuaresma. La verdadera Cuaresma es el tiempo de recapacitar y renovar la alegría del amor de Dios en cada uno de nosotros, y para con el prójimo y así celebremos la Resurrección de Cristo y nosotros unidos a Él con actitudes nuevas logradas con los medios propios de la Cuaresma.

 

En el Tiempo cuaresmal, que inicia con el miércoles de ceniza, solemos vivir como oportunidad de cambiar y de lograr nuestra santificación y ver más claramente el Reino de Jesucristo, tendremos ejercicios espirituales en las comunidades, oportunidades de orar y servir a Cristo en los más Necesitados; hay días de ayuno (día de la ceniza y luego el viernes santo (desde los 14 años hasta los 59 años); de abstinencia de carnes el miércoles de ceniza y todos los viernes (desde los 14 años); viviremos confesiones especialmente en el llamado día para el Señor (viernes 24 de marzo). Todas estas son oportunidades para responder a Dios mejor al Madurar algo dominando nuestros apetitos y compartiendo nuestros bienes y nuestra caridad y tiempo con los más necesitados. Así lo que se nos pide es para lograr algo más desde nuestra fe y amor a Dios en nuestra persona y en amor al prójimo: ayuno, penitencia y misericordia.

 

El Papa Francisco nos ha enviado su mensaje de Cuaresma titulado: “La Palabra es un don, el otro es un don”. Invitándonos a la conversión en el Amor de Cristo nos propone también la Parábola de Lázaro y el rico (S. Lc. 16, 19-31). Demos tiempo a leerla y a poner en práctica, ya como el estilo de vida que nos debe caracterizar, lo que Jesús siempre nos pide: la caridad y la misericordia, el lugar que nos da a todos y especialmente a los más necesitados. Todos tenemos al lado nuestro a alguien que necesita del amor de Dios expresado en nuestra actitud, que seamos eficaces en testimoniar la alegría del Evangelio así como Cristo lo quiere.

 

Invitándonos pues hermanos a vivir esta Cuaresma convirtiendo nuestra voluntad hacia la verdad del Evangelio, hagamos de este tiempo especial de gracia un verdadero camino de realización del plan de Dios, para nuestra vida, la de quienes nos rodean y la de nuestro hermoso País. Vayamos a celebrar La Pascua, es decir la Resurrección de Jesucristo y esa vida nueva en nosotros.

 

Encomendándoles a los cuidados maternales de nuestra Madre muy querida de San Juan de los Lagos, les envío mi bendición.

Con mis oraciones y mi bendición:

+ Mons. Jorge Alberto Cavazos Arizpe

Obispo de San Juan de los Lagos

 

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