El Mundo de Ayer en San Juan de los Lagos

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El pasado domingo 5 de febrero se recordó y festejó el primer centenario de nuestra Constitución Mexicana, y en estos primeros cien años los mexicanos hemos podido ver y vivir el paso del tiempo en la aplicación de nuestra Constitución. Está claro que desde su inicio el contenido de su articulado ha cambiado, no solo desde su punto de vista ideológico, pues al pasar revista a los acontecimientos de Querétaro, en el que se reunieron los constituyentes para dar forma a la nueva Constitución de México, algunos exaltados, presentes en dicha reunión, gritaban furiosos y vociferaban exclamaciones anticlericales.

La asamblea constituyente comenzó sus trabajos a principios de enero de 1917, y Carranza recibió un amargo desengaño ante la actitud de ella, cuando pensó que la Constituyentes aceptarían todo  esto, y a lo sumo con leves modificaciones su proyecto de constitución, que con prestancia presento”.

Con estos breves puntos históricos sobre la fiesta y conmemoración del primer centenario de nuestra constitución es suficiente, pues no soy experto en estos temas constitucionales ni abogado, ni historiador.

Les contaré que la palabra “Constitución” la escuche cuando niño cuando se me dijo: “no puedes ir a la escuela del gobierno, pero tampoco puedes ir a una escuela particular porque están cerradas”,  Pregunte porqué, y me contestaron: “porque el Señor Presidente de la Republica, general Don Lázaro Cárdenas del Rio, reformó el artículo 3° de la Constitución que dice ahora: la educación será laica y gratuita, y además, se prohíbe enseñar en las escuelas catecismo o religión, y además el sistema será socialista”, claro que a mi corta edad, un niño ni entiende todavía el significado de algunas palabras, sobre todo cuando estas son abstractas.

Pasaron los años y me permitieron ver el cambio cultural de México, dejo ampliarse este sistema educativo, se abrieron las escuelas particulares y pude acudir a una de ellas, y así iniciar una educación que me ha permitido conocer mejor la vida y a mis semejantes, y también poder entrar al inicio del conocimiento de tantas cosas que me han facilitado vivir plenamente, y pues toda mi vida la dediqué a pasar el tiempo en empleos públicos, como ustedes ya conocen a través de mis artículos de “Ágora donde se los he contado, solo que ahora como punto de referencia se los recuerdo.

Pero lo que quiero recordar ahora en este artículo, es lo que todo ser humano, desde que inicia su despertar a la vida que es tener y sentir en su persona ¡La esperanza!

¿Pero qué significa esperar? ¿Significa acaso lo que muchos piensan como tener anhelos y deseos? De ser así, aquellos que desean tener más y mejores automóviles, casas y artefactos electrónicos serían individuos esperanzados, pero no lo son, son gente ansiosa de consumir más y de ninguna manera gente con esperanza.

¿Se tiene esperanza cuando el objeto de ésta no es una cosa, sino una vida más plena, un estado de mayor vivacidad, una liberación del eterno hastío, o cuando se pensó para usarla como un término de la salvación; o emplearla en política, como en la revolución. A esta clase de expectación, en verdad podría llamársela esperanza, la espera, a menos que se quiera hacer de la esperanza un efecto, una envoltura para la resignación, una mesa ideológica.

El presidente de los Estados Unidos, en sus intervenciones televisivas, afirmó la iniciación de la construcción del muro de la ignominia en nuestra frontera, la terminación del tratado de libre comercio con México y Canadá, y la expulsión de emigrantes mexicanos, con esta afirmación categórica anti mexicana nos tienen alarmados. ¿Cuál es nuestra esperanza para el futuro?

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