El Mundo de Ayer por Don Chayo Palos edición 605

En todos mis artículos semanales de Ágora he comentado solamente lo fenómenos de mi vida, que es como perderme en un bosque intrincado, como en una “selva mágica” que cambia incesantemente no solo de lugar y de forma; por esas condiciones puedo aprisionar todos los hechos en menos conceptos, como lo hacen los que describen los fenómenos físicos, bajo abstracción matemáticas compuestas solamente por símbolos; y así establecemos una hipótesis, luego una tesis y al final una síntesis.

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Todo esto lo hacemos, como les digo, cuando tratamos de explicarnos el mundo material, ya sean átomos o células, rocas o nubes, o agua etc. y les colgamos los conceptos de tiempo y medida y tratamos de aprender el secreto de la constitución y de las propiedades de la materia.

Desde niño, en la escuela, los libros de texto que estudiaba y que los maestros trataron de explicarme y hacerme comprender mejor su estudio, pero había y hay un gran misterio en el conocimiento del hombre.

En el salón de clases, en las calles de San Juan, en la plaza principal, en el Santuario de nuestra Señora de San Juan y con mis vecinos en su trato diario y de mi hogar, encontraba que mis semejantes y yo siempre actuamos en la vida de acuerdo con nuestros sentimientos y nuestras creencias, pues, como persona adulta la vida me pudo enseñar que en el planeta tierra hay seres humanos con diferentes creencias, católicos, judíos, musulmanes, cristianos, materialistas y espiritualistas; pero hay una cosa muy cercana en el conocimiento de estas creencias, y es que aceptan todos ellos las mismas definiciones de un cristal de sodio o la del agua, pero tratándose del ser humano no están de acuerdo, no consideran al hombre bajo el mismo prisma. La historia de la humanidad nos cuenta sobre como el hombre pudo describir se filosofía de la vida y del hombre, así como de sus intereses y sus inquietudes, por eso, el filósofo Epicteto escribió esta sentencia: “no son las cosas y la forma las que inquietan al hombre, es su actitud sobre las cosas lo que lo inquietan y perturban”.

En mis 88 años de vida en esta ciudad mariana de San Juan pude conocer a muchas personalidades de aquella época, las cuales inculcaron en mi persona una serie de actitudes reflexivas, al analizar su actuación sobre esta comunidad de San Juan de los Lagos, con su familia, con sus vecinos y en el manejo de sus intereses económicos, políticos, religiosos y sociales, me pude dar cuenta de la gran verdad expuesta por este filosofo de Epicteto, pues yo mismo me he sorprendido en la vida actuando no de acuerdo con la realidad, sino con la aptitud que asumía en dichos actos, que no siempre fueron apegados a la verdad del momento vivido, pero no siempre las circunstancias nos permitían emplear nuestra vida como deseamos, y no siempre conocemos, en realidad , cuáles son nuestras verdaderas facultades que nos permitan, con propiedad, las metas que nos hemos trazado, y lo más importante, como deberíamos practicar nuestras relaciones familiares, y desde luego, cómo tratar a los demás y que esperamos de ellos.

Cuando observo lo que estamos viviendo, no solo en San Juan sino en la República Mexicana, me doy cuenta que efectivamente estamos viviendo un cambio muy acelerado, no solo en los descubrimientos científicos, sino políticos, morales, económicos, culturales, sociales que están afectando la vida comunitaria; todos los días la televisión, el internet, los demás adelantos electrónicos digítale nos dan cuenta de actos repugnantes de crímenes y  robos, actos de corrupción y también de cambios de estructura sociales y morales como en la familia, al aceptar como acto legal la unión de parejas del mismo sexo  se olvidan que en el matrimonio entre un hombre y una mujer es el único medio moral y legal de formar y fundar una familia, es y ha sido siempre, en este mundo, el único medio y la finalidad de todas sociedades, pues que yo sepa, nadie se puede dar a sí mismo la vida.

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