No se Reparten Esquelas

Una de las más elementales muestras de solidaridad, que se manifestaba entre la sociedad del San Juan de hace casi medio siglo, era el acompañamiento a los funerales, no era difícil saber cuando alguien fallecía, pues por aquella época se tenía la buena costumbre de mandar repartir esquelas, es decir, una misiva luctuosa donde se daba a conocer el deceso, así como lugar y hora de la velación, misa y entierro  del difunto.

Por alguna razón esta costumbre ha caído en desuso, ya no se reparten esquelas, y por esta razón sucede que la noticia de los funerales de muchas personas apreciadas se conoce hasta mucho después de su muerte, y ha sucedido que en alguna conversación se habla de aquel o aquellos difuntos como si todavía estuvieran vivos, hasta que alguno de los presentes da la noticia de que la persona de quien están hablando murió hace semanas, y en algunos casos hasta meses ¡algo verdaderamente inconcebible en aquella época!

esquela

Además, la esquela era un registro escrito que servía, en muchos casos, para la historia familiar, de tal manera que si alguien se ha puesto a buscar entre los documentos de sus padres se habrá llevado la sorpresa de encontrarse con la esquela donde se registró el deceso de algunos de sus antepasados.

Este modo de postrera relación social, de comunión con los vecinos y conocidos ha desaparecido, no necesariamente para los familiares, porque de alguna manera ellos sí pueden enterarse, sino con aquellos que formaron parte del “círculo externo” pero que de alguna manera se relacionaron y estimaron a la persona fallecida, de seguro les habría gustado decir el último adiós a su amigo.

Es paradójico que en esta época de comunicación instantánea no se pueda saber oportunamente algo tan elemental como el fallecimiento de un viejo compañero de escuela, del padre, hermano o familiar de un buen amigo.

En estos casos del último adiós, se puede decir que “la forma es fondo”, es decir, no es lo mismo enterarse de estas lamentables

noticias por rumores, plática o casualidad; la formalidad de una enlutada esquela negra bastaba para sobrecoger el espíritu, llenaba de pena y verdadera conmiseración hacía los deudos del finado; de tal manera que se esperaba la entrega de la esquela como un aviso formal, como una seria despedida y como una invitación para rogar a Dios que se apiadara del alma del amigo difunto.

La falta de auténtica comunicación, o la informalidad de ésta, puede llevar a la desintegración de la sociedad, porque cuando se da por hecho que “todo mundo ya sabe” y porque se “publicó en internet”, en ese momento se está aislando el conocimiento, la sobre información hace que casi sea imposible leer todo lo que se publica en esos medios. Por eso, si se quiere que alguien se entere de manera precisa, oportuna y clara de un suceso importante, la información debe ser formal y dirigida expresamente a la persona.

Qué bueno sería para nuestra sociedad que en estos casos, y en otros muy especiales, se diera ese formal tratamiento y se dijera:

 

¡Sí se Reparten Esquelas!

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