El Mundo de Ayer #590

El Mundo de Ayer #590

Por: Prof. Chayo Palos de Anda

Amables lectores de Ágora, me he dado cuenta que se ha despertado no solo la curiosidad, sino también el interés por los temas de antaño  de nuestra comunidad.

Ahora quisiera hablar de los intereses tanto políticos como económicos, religiosos y sociales de esta ciudad mariana, que es visitada por millares de peregrinos de toda la República Mexicana y del Extranjero, su fama de milagrosa logró que en San Juan se iniciara la primera feria de la Nueva España, misma que logró reunir, en esa famosa feria del 8 de Diciembre, a más de 40,000 cuarenta mil peregrinos, cifra increíble en el siglo XIX y que motivó al insurgente Allende para sugerir al Señor Cura Don Miguel Hidalgo y Costilla que la iniciación de la Independencia fuera en San Juan de los Lagos, aprovechando la afluencia de tantos peregrinos que venían de toda la República.

Por motivos ya conocidos por todos fue descubierto tal levantamiento, y la conjura se develó el 15 de septiembre de 1810, el grito de libertad e independencia se dio en Dolores Hidalgo y año con año lo celebramos los mexicanos con fervor y entusiasmo patrio.

Pero volviendo a mi tema porque ya me desvié, les quiero hablar sobre las circunstancias vividas en los primeros años de mi infancia, aquí en San Juan, y fue la siguiente:

Es una perogrullada lo que voy a decirles a ustedes, todos saben que  la vida de cada uno le enseñó lo que es nuestro sistema de valores y principios, que en los primeros años comienzan a estructurarse con nuestras experiencias infantiles.

Es cuando se desarrollan nuestras sensaciones de seguridad y bienestar, cuando aprendemos a creer y que nos crean, cuando la satisfacción de nuestro deseos se realiza directamente, bueno, cuando menos algunos, no todos.

En nuestro hogar aprendemos las normas religiosas, la diferencia entre el bien y el mal, esto lo aprendemos directamente de nuestros padres cuando nos dicen: ¡no hagas esto, porque es malo! Y así por el estilo, se va desenvolviendo nuestra vida, y en la adultez, con la experiencia acumulada podemos decir: ¡“he aprendido a vivir”!

Aunque esta afirmación no es exacta, pues desgraciadamente nunca aprendemos a vivir plenamente, pues nuestra vida está plagada de errores y aciertos, de experiencias y anhelos incumplidos.

La mayoría de los mortales tienen puntos de vista diferentes a los demás dando como resultado los antagonismos. Además, el desconocimiento de nosotros mismos nos impide ver las relaciones objetivas con nuestros semejantes, esto nos dificulta conocer realmente lo que son las personas.

Por eso les decía en otro de mis artículos, que es una necesidad el que tengamos una filosofía de la vida, de esta manera quedaremos preparados para aceptar tanto el éxito como el fracaso, pues habremos alcanzado la claridad necesaria para planificar nuestro propio perfeccionamiento, como paso decisivo hacia el mejoramiento de nuestras relaciones con los demás.

El filósofo griego Sócrates dijo una vez, y esta fue la frase de su vida como filosofo: “conócete a ti mismo”.

 

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