EL MUNDO DE AYER

EL MUNDO DE AYER

EL MUNDO DE AYER

Agora –  25 Septiembre 2015

Por el Prof. J. Rosario Palos de Anda

San Juan de los lagos fue escenario del tiempo que Dios me dio de vida, y será mi circunstancia todavía; por lo que siempre me refiero a ella, y hablo de ella, pues como dice el dicho: “Nadie puede venir de donde nunca ha estado” o “nadie puede hablar de lo que no sabe”. Por eso digo y repito que nací en el año de 1928 un día 7 de octubre, en plena Revolución Cristera; crecí y viví al lado de mi madre la Señora Cleta de Anda viuda de Palos, mi padre falleció cuando apenas contaba con 10 años de vida, y los compañeros de mi infancia fueron mis hermanos Petra, Justina, Adolfo, Agustín, que murió a los 12 años y Lupe; de todos ellos, el primero que se fue a buscar su destino fue mi hermano Adolfo, y luego Petra mi hermana se casó con Raymundo Lara Sánchez, modelista y cortador de zapatos que trabajaba para el Señor Don Felipe Pérez, papá del Dr. Gabriel Pérez, quien tenía su fábrica de calzado en la finca ubicada en la calle Benigno Romo, junto a la casa de Don Jesús Campos, Papá de la Nena Campos y de Javier Campos que fue mi compañero de escuela.

En San Juan de los Lagos, durante dos años de la Revolución Cristera, la estructura de la sociedad se manifestaba en una forma sencilla y los valores y relaciones se establecían durante un tiempo muy amplio; pero la sociedad no solo cambia sino que también crece, este cambio y crecimiento se refleja en la variación de los valores; claro que San Juan no es el forjador de dichos valores que están cambiando, pero sí podemos ver cómo estas estructuras están siendo acompañadas de nuevas valoraciones y reedificaciones de la situación.

Como muestra les diré que trabaje durante muchos años de mi vida en la oficina del Registro Civil de la Presidencia Municipal, y una de las funciones, a más de levantar actas de nacimiento y defunción, lo era el de levantar actas de matrimonio, y los candidatos a casarse tenían que cumplir con los requisitos que la ley establecía en aquellos años; recuerdo que al terminaban de firmar el acta de matrimonio, los contrayentes, testigos y padres de los novios, enseguida y como corolario, le daba lectura del acta de Melchor Ocampo, que hablaba de las virtudes del matrimonio y de sus valores y objetivos; ahora, por la prensa y la televisión nos damos cuenta que, en algunos estados de la Republica, se están “casando” al civil parejas del mismo sexo, cosa que me parece una aberración desde el punto de vista de los valores auténticos, y contravienen los fines de la naturaleza y sus leyes ¡esto es verdaderamente un absurdo!

La finalidad del matrimonio es y debe ser la recta y natural procreación de la familia, y por ello, cuando yo levantaba un acta de nacimiento les preguntaba a los padres que acudían a levantar el acta ¿cuál es su sexo, masculino o femenino? pues cada sexo viene a este mundo con una función específica. De niños, cuando acudíamos al catecismo y aprendíamos, o mejor dicho, repasábamos lo aprendido en el hogar, se decía: “ama a tu prójimo como a ti mismo”, y claro, éramos muy pequeños para analizar este mandamiento, pero créanme que para mí fue posible amar al vecino, mas todavía cuando los conocí personalmente; pero ahora es una exigencia imposible la de amar a los habitantes de una área extensa a quienes no se conoce.

También escuché que algunos trabajadores sociales expresaban la idea de que mucha gente fracasa en la vida porque nunca fueron enseñados a traducir las virtudes aprendidas en sus hogares a las condiciones de la sociedad más amplia. La educación para las funciones de la vida familiar y la vecindad es diferente, como lo es la educación para la ciudadanía nacional y mundial. Toda nuestra educación tradicional, con su sistema de valores, está adaptada al ámbito vecinal.

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *